Récords de gatos

El gato más viejo
Crème Puff, una gata de Austin, EE.UU., murió a los 38 años, considerándose así, la gata más vieja del mundo según el libro Guinness de los récords.

El gato más pequeño
Lilieput, una gata de raza Munchkin de California, con 13,34 cm desde el suelo a los hombros, a sus 9 años batió el record del gato más pequeño del mundo.

La gata con más crías
Dusty, una gata atigrada de Texas, EE.UU., tuvo 420 crías a lo largo de sus 17 años de vida.

La camada más numerosa
Tarawood Antigoe, una gata birmana de cuatro años, fue cruzada con un siamés, pariendo una camada de 19 gatitos, de los cuales sobrevivieron 15.

El gato mejor cazador
Towser, una gata carey de Tayside, Escocia, se encargaba del control de plagas en una destilería de whiskey. Cazó en sus 24 años 28.889 ratones, una media de 3 al día.

El gato más gordo
Himmy, un macho atigrado castrado de Queensland, Australia, que llegó a pesar 21,3 Kg. Le sigue Meow, un gato de Nuevo México, EE.UU., con 18 Kg.

El gato más rico
Blackie, el último superviviente de una casa de 15 gatos, recibió 7 millones de euros en herencia de su dueño, Ben Rea.
Pero el récord mundial para el gato más rico ha sido establecido recientemente por Tommaso, quien heredó 10 millones de euros de su propietaria Maria Assunta.

El gato más largo
Snowbie, de Ellon, Reino Unido, de  37 cm de altura y con un peso de 9,5 Kg, medía 103 cm de la nariz a la punta de la cola y le dieron en 1997 el título de gato más largo del mundo, siendo el primer gato en obtener dicho título.
Sin embargo, años después, Mymains Steward Gilligan (Stewie para los amigos), superó esta marca, pues medía un total de 123 cm de largo. Además, la cola más larga de un gato doméstico mide 41,5 cm, y pertenece también a Mymains. Por lo que este Maine Coon posee dos títulos de Guinness World Records.

El gato Jano más longevo
Los gatos Jano se denominan así por el dios romano Jano, el cual tenía dos caras. Estos gatos casi nunca sobreviven y, los que lo hacen, suelen tener defectos congénitos.
Frank y Louie, un felino que nació con 2 caras, 2 bocas, 2 narices y 3 ojos azules murió a los 15 años, obteniendo así el record Guinness al gato Jano de más edad.

El ronroneo más fuerte
Merlín, un gato de Torquay, Reino Unido, tiene el récord del ronroneo más fuerte, ya que ronronea nada más y nada menos que a 67,8 decibelios (casi como el ruido de una aspiradora).

El mayor salto de un gato
Waffle the Warrior Cat, de California, EE.UU., batió el récord del mayor salto dado por un gato, como si de un atleta olímpico se tratara, con sus 2,133 metros.

Leucemia felina

El virus de la leucemia felina (FeLV) tiene un tiempo muy bajo de supervivencia en el medio ambiente y su principal forma de transmisión es a través de la saliva, aunque también puede ser a través de orina y heces. Los más predispuestos a padecer esta enfermedad son los gatos callejeros debido a los mordiscos durante las peleas territoriales. Además, existe la transmisión de la madre infectada a su camada, a través de la placenta, la leche o al asear a sus crías.

Su replicación comienza en los glóbulos blancos y se extiende por todo el organismo alcanzando, en última instancia, la médula ósea, punto en el que no podremos eliminar la infección. En función de la respuesta del sistema inmune, el gato puede desarrollar distintos tipos de infección:

  • Abortiva, es decir, no se desarrolla viremia (presencia del virus en la sangre) tras la exposición al virus. 20-30% de los casos.
  • Regresiva, la viremia es transitoria y dura menos de 3 semanas, siendo contagioso durante este tiempo para otros gatos. 30-40% de los casos.
  • Progresiva, el virus infecta y se replica, por lo que se produce una viremia persistente, y el gato no es capaz de eliminar la infección. Tiene un pronóstico reservado ya que, la mayoría suelen morir en 2-3 años. 30% de los casos.
  • Atípica: se produce una respuesta inmune parcial y el virus se acantona en ciertos órganos. 5-10% de los casos.
  • Latente en médula ósea: el virus se elimina de la sangre aunque no de la médula ósea, pero estos gatos no son infectivos para otros gatos.

Los síntomas dependen de la fase en la que se encuentre, pudiendo variar desde signos inespecíficos como fiebre, apatía, anorexia y pérdida de peso; a signos respiratorios, oculares, de piel e intestinales. En muchos casos se produce anemia con la consiguiente depresión y debilidad. Además, los gatos con infección persistente presentan hasta 60 veces mayor probabilidad de desarrollar un linfoma.

Las vacunas contra la leucemia pueden producir dos tipos de protección. De manera total, impidiendo la entrada del virus y su multiplicación, o de manera parcial, que no evita la multiplicación pero sí que se generen cargas virales elevadas, por lo que no protege de la infección pero sí de la enfermedad. La vacunación se recomienda exclusivamente en gatos que presenten riesgo de infección, por lo que en aquellos que viven sin acceso al exterior no es necesaria.

Es muy importante realizar el test de FeLV antes de introducir un nuevo gato en un ambiente en el que ya viven otros gatos, así como previo a comenzar la vacunación contra este virus para que solo se administre la vacuna a aquellos individuos negativos. En el caso de un resultado positivo también es de gran importancia, ya que nos permitirá realizar un seguimiento controlado y anticiparnos a las futuras complicaciones.

Finalmente, destacar que un resultado positivo a un test en un gato sin sintomatología debe ser siempre repetido y contrastado para conocer el tipo de infección que tenemos y no está justificada la eutanasia bajo ningún concepto. En el caso de gatos positivos con signos clínicos, es labor del veterinario velar por su bienestar y proporcionarle la mejor calidad de vida que sea posible.

Baño a mi gato, ¿sí o no?

Muchas veces, probablemente por extrapolación del perro, nos preguntáis si hay que bañar a los gatos y cada cuanto. La respuesta es muy sencilla: no y nunca. Estos son los motivos:

  1. No existe ninguna necesidad ni beneficio en bañar a un gato, ellos con su acicalado habitual se dejan bien limpios.
  2. Si los bañamos, especialmente si usamos jabones, aunque sean para mascotas, eliminamos su olor, que es su seña de identidad, y van a sentirse raros hasta que puedan volver a recuperarlo con sus feromonas.
  3. Normalmente, aunque se dejen, no es una situación agradable para el gato y pretenderán huir.
  4. Puede perjudicar vuestra relación temporal o permanentemente si el gato asocia una experiencia negativa (el baño) contigo. Además, puede desembocar en problemas de comportamiento o patologías derivadas del estrés.
  5. Al miedo que le produce al gato estar en el agua habrá que sumarle el secarlo. No debemos dejar que se queden mojados porque esto puede bajarles las defensas y hacerlos más susceptibles a enfermedades. Así que deberemos usar un secador, lo que es mucho más aterrador que el agua para la mayoría de los gatos.

¿En qué escenarios puede no ser una mala idea bañar al gato?

  • Aquellos gatos que realmente disfrutan con el baño, es decir, aquellos que se meterían voluntariamente debajo del agua, y que se dejarían secar sin problema. Estos gatos, aunque sean una minoría, entienden el baño como una experiencia relajante y no habría ningún problema en dejarlos que se bañaran, siempre que ellos pudieran decidir cuando salir.
  • Gatos sphynx y con prescripción veterinaria en los que está indicado el baño. Determinadas razas de gatos, como el sphynx, se benefician de las terapias tópicas en baño por sus problemas dermatológicos. Al ser un tratamiento a largo plazo es importante que los acostumbremos al baño antes de empezar.
  • Si el gato se ha manchado con alguna sustancia tóxica, corrosiva o que le perjudique si la ingiere al acicalarse. Esta situación es evidentemente extrema y muchas veces requiere de manejo veterinario.

Todos los gatos son capaces de aprender y de entender que algo que puede parecer peligroso, en realidad no lo es. Para enseñar a un gato que el baño es una experiencia positiva hace falta mucha paciencia y tiempo. Definitivamente, no debemos meter al baño en la ducha y abrir el grifo, sino que empezaremos presentando un paño humedecido y sesión tras sesión iremos aumentando la cantidad de agua que lleva el paño. A la vez debemos premiar la tranquilidad y no forzar en ningún caso al gato para que aguante. El gato debe ser libre de decidir si quiere o no bañarse.

En resumen, puesto que no existe ningún beneficio directo para el gato, y que es muy probable que sea una experiencia traumática que perjudique su bienestar y vuestra relación, no debemos bañarlo.

Las capas de los gatos

¿Sabías que el color del pelaje de los gatos no depende de la raza en sí sino de sus genes? ¿Y que gatos de raza pura pueden compartir patrón de color en el pelo con gatos comunes? El mundo felino es apasionante, pero su pelaje puede ser todo un jeroglífico.

En primer lugar, debemos definir el concepto de “capa”, esta es la combinación de colores que puede presentar el pelo y su distribución. Además, es importante comprender que no es lo mismo una raza felina que una capa, ya que tanto gatos de raza pura como gatos comunes pueden compartir colores, patrones y ser de pelo corto o largo.

Entonces, ¿qué diferencia las razas de gatos? Pues no es su color ni cómo se distribuye lo más importante, sino otras muchas características propias de la raza como: su temperamento, morfología , la forma de sus ojos, orejas, cola, tamaño, longitud o forma del pelo e incluso la ausencia de este.

Numerosas razas felinas sí que tienen un patrón de color característico que se manifiesta siempre. Sin embargo, en otras muchas se pueden dar variedades dentro de la misma raza. Y prácticamente todos los patrones pueden aparecer en gatos comunes.

En primer lugar, tenemos el patrón sólido, que es un pelaje donde hay un único color. Dentro de ellos encontramos el color blanco, negro, chocolate, crema, azul, canela, rojizo… El patrón de un gato blanco puro es poco común, sin embargo, hay razas como el gato de Angora donde es predominante. El color negro puede ser observado en numerosas razas y debe ser puro, sin matices rojizos ni presencia de pelos blancos. Si el color negro tiende al rojizo, la capa se llama chocolate y es muy típica de razas como el Burmés, pudiendo tener una dilución denominada lilac. Otro color sólido muy característico es el azul o blue, que no deja de ser una dilución del negro, y aparece en varias razas siempre como patrón característico como el Azul Ruso, el British Shorthair o Longhair y el Cartujo.

Otra capa muy común es la tricolor o calicó, que consiste en la combinación de los colores blanco, negro y naranja. Aunque puede haber alguna rara excepción, la inmensa mayoría son hembras, ya que el gen para el color naranja y el negro están ubicados en el cromosoma X, y para que se den a la vez debe haber dos cromosomas X, es decir, ser hembra. Es bastante frecuente en gatas comunes, aunque también hay varias razas donde se puede observar, como en el Persa, Exótico, Oriental, British Shorthair y Bosque de Noruega.

El tabby es también muy común, es una capa con dibujos sobre el lomo formando manchas, anillos o rayas, dando aspecto de camuflaje. Los colores que pueden presentar son muy variados y según el patrón que dibujen hay diferentes tipos de tabby:

  • Blotched: es un patrón de dibujos anchos y circulares en cualquier sentido. Normalmente presentan los denominados “ojos de buey” en los laterales y una línea oscura a lo largo de toda la espalda.
  • Mackerel, striped o tigre: tienen rayas estrechas perpendiculares a una línea más ancha a lo largo de la espalda y anillos circulares en los patas, llamados “pulseras”.
  • Spotted: presentan círculos pequeños, que pueden estar alineados o no. En la cola, cara y patas puede haber rayas.
  • Marble: tienen manchas y rayas con aspecto marmóreo, similar al pelaje del leopardo y el ocelote. Es muy característico de la raza Bengalí.
  • Carey o tortuga: en este patrón se mezcla el tabby con la combinación de colores propia de las gatas calicó, por lo que, al igual que estas, son hembras.

Por otro lado, tenemos la capa colorpoint, que es muy típica de gatos de raza Siamés. Son gatos que nacen claros y con el tiempo se les oscurece de color marrón muy oscuro las orejas, hocico, patas y cola. Esas zonas oscuras se llaman “points” y son gatos que siempre tienen los ojos de color azul. El resto del pelaje puede ir desde más crema hasta marrón más oscuro. Un tipo especial de colorpoint es el mitted, que es similar pero tiene la punta de las patas blancas pareciendo que lleva calcetines, como el Ragdoll y el Sagrado de Birmania.

Los van son gatos con el pelaje totalmente blanco con las orejas y la cola de otro color y los arlequín tienen, además, algunas manchas por el cuerpo. Cuando el pelaje tiene aproximadamente el 50% de color blanco y un 50% de otro color o patrón se llama bicolor, y si ese otro color es el negro se denomina tuxedo.

Y finalmente está el tipped, que es cuando el pelo solo está coloreado en la punta, y el resto no tiene color, quedándose blanco o gris muy claro y dando lugar a un patrón llamado smoke, chinchilla o shaded, según qué extensión del pelo no tenga color. Si la parte decolorada se queda grisácea se llama silver y si es anaranjada se denomina golden, siendo muy típico de razas como el Persa y el British Shorthair.

Por supuesto, existen algunas más porque el mundo de la belleza felina es infinito.

Ansiedad por separación

Durante estas semanas de confinamiento muchos hemos aprovechado para mejorar el bienestar de nuestros compañeros felinos, no solo indirectamente al estar en casa prestándoles más atención de la que estaban acostumbrados a recibir, sino también jugando, mimándoles y añadiendo nuevos elementos a nuestro hogar como rascadores, fuentes y mallas de seguridad, como sabemos que muchos habéis hecho.

Todo tiene un fin, y aunque ahora mismo nos parezca lejano, llegará un momento en el que volveremos a nuestros puestos de trabajo y disminuiremos las horas que pasamos en casa. Como sabéis, los gatos son animales de costumbres, y al igual que les costó asumir nuestra presencia en casa los primeros días del confinamiento, cuando esto termine, inevitablemente, también lo notarán.

Si has estado aplicando los consejos de “Cómo sobrevivir a la cuarentena con tu gato” habrás conseguido conocer mejor a tu minino y habréis reforzado vuestro vínculo emocional. La rutina, el cariño, el aprender cosas nuevas juntos, son elementos clave para una buena relación gato-humano. Sin embargo, sabemos que en algunos hogares los gatos se han revolucionado al teneros en casa siempre disponibles y están excesivamente cariñosos o demandantes de atención, lo que dificulta el teletrabajo y la vida en general. Son estos gatos los que tendrán más probabilidad de sufrir estrés cuando dejemos la casa durante unas horas, lo que se conoce como “ansiedad por separación”.

¿Cuales son las manifestaciones de la ansiedad por separación en el gato?

  • Maullidos y vocalizaciones excesivas cuando te vas de casa, te metes en un cuarto con la puerta cerrada o, simplemente, no le prestas atención.
  • Otras manifestaciones del estrés como micción/defecación inapropiada, acicalamiento excesivo, aumento o disminución del apetito o ingesta de cosas que no son comida (pica).

*Aunque estas sean manifestaciones del estrés también lo son de una serie de problemas médicos. Si tu gato presenta cualquiera de estos síntomas consulta a tu veterinaria para poder descartar otras causas patológicas más graves.

¿Qué puedo hacer para aliviar la ansiedad de mi gato?

Debemos preparar a nuestros gatos a un nuevo cambio de rutina que, indudablemente, ocurrirá. La mejor forma es ir realizando pequeños simulacros de ausencia durante periodos cortos de tiempo e ir incrementándolos progresivamente. Por ejemplo, puedes encerrarte en un cuarto durante algunas horas para que tu gato se vaya acostumbrando a no tenerte cerca las 24 horas del día. Imita la rutina que tendrás cuando termine la cuarentena, esto no solo es bueno para tu gato sino también para ti.

No debes advertir al gato de que te dispones a marcharte, no hagas una escena de cada salida, actúa con naturalidad y tu gato poco a poco entenderá que todo va bien.

Recuerda cumplir todos los requisitos ambientales y fisiológicos de tu gato: comida y agua fresca, arenero limpio, zonas de rascado, zonas en alto, zonas de descanso y escondite, distribuidas por toda la casa.

No olvides mantener las nuevas rutinas que habéis establecido durante estas semanas de cuarentena, como las sesiones de juego o de cepillado y los momentos de comer, puedes ir modificando las horas para adaptarlas a tu horario post-cuarentena.

Empieza ya a crear este nuevo tipo de rutina hoy mismo para que tu gato tenga tiempo de adaptarse y todos volvamos a la normalidad sin el mínimo estrés.

5 curiosidades sobre el oído de los gatos

1. Los gatos tienen 32 músculos en las orejas que les permiten ejecutar una gran variedad de movimientos, muchos imperceptibles al ojo humano, y cuya finalidad es localizar el origen del sonido con gran precisión.

2. Cada oreja puede rotar 180 grados y su movimiento es independiente entre sí y del resto del cuerpo. Por dentro las orejas están llenas de corrugaciones, diseñadas para amplificar el sonido, que posteriormente atravesará el tímpano.

3. Pueden oír hasta 11 octavas más que los humanos, lo que les convierte en uno de los mamíferos con mayor rango de audición. Pueden detectar desde sonidos muy agudos, como los ultrasonidos que emiten los roedores, hasta muy graves, como el ronroneo que ellos mismos producen.

4. El 80% de los gatos blancos con ojos azules son sordos debido a un gen dominante que produce una degeneración del oído interno en la semana primera semana de vida.

5. El pliegue de la base lateral de las orejas se llama Henry’s pocket y aunque su función no se conoce con exactitud se piensa que permite al gato agachar las orejas pegándolas a la cabeza, como cuando tienen miedo o están a punto de cazar, y también filtrar los sonidos para detectar los más agudos.

Cómo proteger a tu gato de una caída

De todos es sabido que los gatos son grandes amantes de las alturas. Les encanta observar desde arriba, y si encima es el mundo exterior, les supone un reto mayor y hace que afloren sus instintos más felinos. El problema surge cuando, siguiendo este instinto, no se encuentran protegidos adecuadamente y puede haber algún accidente (el llamado síndrome del gato paracaidista, del que hemos hablado en otro post anteriormente).

Por ello, es importante que adaptemos nuestro hogar para hacerlo lo más seguro posible a nuestros mininos. Existen multitud de técnicas, más o menos sencillas y de todos los gustos, para llevarlo a cabo. El cerramiento puede consistir en una simple mosquitera o red plástica que quede bien anclada en los laterales y no deje espacio para que el gato pueda salir. En este caso recomendamos redes diseñadas específicamente para este fin, pues el material del que están hechas es más resistente a la luz solar y a los posibles mordisquitos que se puedan llevar. Sin embargo, para aquellos casos donde esto no sea suficiente debido a las características de la ventana, balcón o terraza, podemos emplear otro tipo de materiales como redes o vallas metálicas, que aportan mayor rigidez.

Finalmente, destacar que un gato puede vivir perfectamente dentro de casa, pero si le proporcionamos un cerramiento adecuado, le permitiremos que pueda disfrutar de manera segura del aire y el sol y nos lo agradecerá.

Los gatos y el feminismo

Es indiscutible que estamos viviendo la era del feminismo. Ahora bien, este se puede definir de múltiples maneras. Por un lado, la RAE indica que es “la ideología que define que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Esta definición coloca al hombre como aquello a lo que las mujeres deben aspirar, lo cual resulta un tanto machista en sí mismo. Angela Davis considera que “el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos personas”. De esta manera, no hacemos distinción de sexo y todas las personas pasamos a tener los mismos derechos.

La propia definición suscita controversia, pero es que nuestra sociedad es sexista y, por tanto, el uso que hacemos del lenguaje. Los términos relacionados con el hombre denotan siempre algo bueno: “ser la polla”, “echarle cojones”, “ser un zorro”… Sin embargo, los de la mujer son todo lo contrario: “ser un coñazo”, “ser una nenaza”, “ser una zorra”…

Estarás pensando que qué hace un blog de gatos hablando sobre feminismo, ¿verdad? Pues resulta que los gatos y las mujeres tienen bastante en común y, es por ello, que queremos visualizar algunos aspectos que atañen a los felinos y dibujar un pequeño paralelismo entre ambos, siempre desde el más profundo respeto.

El gato ha sido venerado por múltiples culturas, pero también ha sido odiado a lo largo de la historia. No hay más que pensar en la epidemia de la Peste Negra que asoló a Europa en la Edad Media debido que el Papa Gregorio IX declaró al gato como una “criatura diabólica” y las ratas dejaron de tener depredador. Asimismo, los gatos pasaron a ser un objeto de superstición, pues se hizo creer que poseían poderes de magia negra y eran los compañeros de las brujas. Estas últimas eran en realidad mujeres sabias adelantadas a su tiempo con conocimientos en campos como la botánica, química, cocina, sexualidad, reproducción y medicina; y chocaban de pleno con las élites eclesiásticas y políticas de la época.

En relación a esto, el gato se ha representado en el mundo del cine como un animal malvado. Existen muchos ejemplos de gatos famosos: Si y Am, los gatos siameses de La Dama y el Vagabundo; Lucifer de La Cenicienta; Silvestre, de los Looney Tunes; Tom, de Tom y Jerry; MADGato, de Claw el criminal contra el que lucha el Inspector Gadget, Gargamel y Azrael, de Los Pitufos; Salem, de Sabrina, cosas de brujas; Sr. Tinkles, de Como perros y gatos y un largo etcétera. Estos personajes han calado en nuestro subconsciente haciéndonos relacionar al gato con adjetivos como arisco, esquivo o independiente (en sentido despectivo, como si esto fuera algo negativo). Sin embargo, si pensamos en un perro ¿qué adjetivos nos vienen a la mente? ¿a qué son bien diferentes?

La domesticación del gato comenzó hace tan solo 10.000 años, mientras que la del perro hace más de 30.000. Esto significa que el perro está mucho más adaptado al hombre que el gato. De hecho, todo el que convive con un gato sabe que se debe adecuar a él y quizá esto sea parte de su encanto, que es una relación basada en el respeto. Jodorowsky lo decía: “Amor es lo que tenemos mi gato y yo: ¡no nos pedimos nada, ni él quiere cambiarme, ni yo a él! Eso es el amor: estar contento con la existencia del otro, simplemente. No esperar nada de él.”

Como veterinarias debemos decir que ya desde las facultades no se hace una diferenciación entre el perro y el gato, sino que se trata a este último como un perro pequeño. ¿Si son seres tan diferentes por qué se ha de hacer una comparación? Los gatos merecen un estudio a parte y un trato especial. Nosotras lo tenemos claro, estamos viviendo también la era gatera y la medicina felina ya es nuestro presente y será nuestro futuro.

El reflejo de Flehmen

¿Alguna vez os habéis preguntado que hace vuestro gato cuando pone cara de haber presenciado algo que ocurría en otro lugar?

Pues, nada más lejos de la realidad, cuando nuestros gatitos permanecen en este estado están recibiendo información del exterior a través de las feromonas. Estas le informan sobre animales extraños, su edad, salud, jerarquía… incluso si está en celo o no, muy importante para la propagación de su especie y, sobre todo, para su supervivencia.

Cuando detectan estas feromonas, abren la boca y retraen los labios generando esa carita que tanta gracia nos hace y recibe el nombre de reflejo de Flehmen. De esta forma, son capaces de transportar estas moléculas químicas hasta el órgano vomeronasal localizado entre las fosas nasales y la boca. Este órgano pertenece al sentido del olfato, las neuronas presentes en él son las encargadas de detectar estos estímulos, y se encargará de conducirlos al hipotálamo situado en el cerebro, donde se analizará toda la información.

No son los únicos animales que tienen esta respuesta, los caballos, cabras e hipopótamos entre muchos otros mamíferos, nos brindan escenas difíciles de olvidar. Como curiosidad, las serpientes usan este órgano para detectar presas a larga distancia, sacan la lengua y atraen partículas hacia el interior de su boca. En el caso de los humanos no se sabe a ciencia cierta si el órgano vomeronasal es activo, se atrofia o es funcional, los científicos difieren.

Como vemos, tenemos en casa a pequeños videntes en potencia que pueden saber lo que ocurre a cientos de kilómetros de distancia. Y tú, ¿Alguna vez has visto a tu gatito haciéndolo?

El desarrollo sexual del gato

Los felinos tienen un comportamiento sexual muy marcado y característico. La gata doméstica tiene un ciclo reproductivo denominado poliéstrico estacional creciente, es decir, le influyen las horas de luz del día. El término poliéstrica quiere decir que en estación reproductiva, tendrán celos de forma continua salvo que sean interrumpidos por una enfermedad, una gestación o una pseudogestación. Como hemos dicho , las gatas domésticas son especies fotodependientes, es decir, comienzan a tener celos conforme aumentan las horas de luz diarias, por lo que ciclan sobre todo en estaciones con días largos. En nuestro hemisferio, las gatas ciclan sobre todo en primavera y verano. Sin embargo, con un régimen de luz artificial de unas 14 horas diarias pueden ciclar todo el año. Si las horas de luz son inferiores a 8 horas diarias las gatas dejan de tener celos y entran en pausa reproductiva o fase conocida como anoestro.

El ciclo sexual de la gata se divide en varias fases. La primera se llama proestro, dura unos 2 días y se produce un aumento de los estrógenos, lo que conlleva al típico comportamiento de atracción al gato macho (aunque aún no deja que le monte), vocalizaciones, fricción con objetos o con los miembros de su familia, pisoteo con los miembros posteriores y “rolling” (dar vueltas sobre sí misma en el suelo). Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en la perra, no se suelen ver sangrados por la vulva.

La segunda fase se llama estro, y se caracteriza por el aumento de las vocalizaciones, ladeo de la cola y posiciones arqueadas del lomo. Es en esta fase donde acepta la monta, que a su vez produce la ovulación y tras la cual se puede quedar preñada. Una característica de las gatas es que son de ovulación inducida, lo que quiere decir que necesitan tener un estímulo para poder ovular. Este puede ser el propio comportamiento de la monta (mordiscos en el cuello, vocalizaciones…) o, hasta en un 30% de las gatas, por estímulos visuales y olfativos de machos cercanos o en gatas que viven juntas en colonias.

Si una gata entra en celo y no se produce la monta y, por lo tanto, no ovula, el ciclo será muy corto y volverá a ciclar de forma muy seguida (son las llamadas “gatas de celo insoportable”). Sin embargo, si la gata ovula de manera espontánea y no está con un macho que la pueda montar y, por tanto, no se queda preñada, entra en una fase que se llama diestro (estas gatas son “más soportables” ya que su ciclo es más largo y ciclan con menor frecuencia).

La única forma de evitar el celo de nuestras queridas gatas es castrarlas pero, en aquellas que aún no lo estén, muchos veterinarios recomiendan de manera excepcional simular las condiciones de una monta. Para ello se puede realizar un pellizco de la piel del lomo simulando el que hacen los gatos durante la monta, así como introducir un bastoncillo por la vagina para simular la propia monta. De esta forma, se intenta que ovulen y entren en un ciclo más largo y más llevadero.

Las gatas alcanzan la pubertad sobre los 6-8 meses, cuando llegan al 80% de su peso corporal. Existen factores que pueden adelantar su llegada, como un crecimiento muy rápido, vivir en colonias o en zonas geográficas con más horas de luz diaria. Las razas orientales como el Siamés y el Balinés son más precoces, pudiendo llegar a los 4 meses; y las de pelo largo como el Persa, Bosque de Noruega o Maine Coon son más tardías, llegando incluso al año.

El gato macho no tiene un comportamiento sexual tan complejo. La pubertad la alcanza entre los 8-10 meses, estando también condicionada por el hecho de vivir en compañía de otros gatos. Podemos saber que un gato macho ha alcanzado la pubertad porque aparecen espículas o pequeñas espinas en la superficie del pene, crecen los testículos y pueden comenzar a manifestar signos como marcaje o vocalizaciones.

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