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Los felinos

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Los felinos poseen una elegancia muy especial que cautiva a todo aquel que los observa. Existe una gran variedad de especies, todas ellas pertenecientes a la familia de los félidos (Felidae). Esta última se divide en dos subfamilias: los Pantherinae, que engloba a todos los grandes felinos; y los Felinae o pequeños felinos.

Todos ellos son extremadamente sigilosos y muy rápidos, presentan una excelente vista y un oído muy agudo, lo que los convierte en excelentes cazadores. Son depredadores innatos y estrictamente carnívoros, es decir, se alimentan casi exclusivamente de carne. Además, son digitígrados, pues apoyan únicamente los dedos cuando caminan, y sus uñas son retráctiles, excepto en el guepardo.

Se encuentran repartidos por todo el mundo, exceptuando la Antártida, Oceanía y algunas islas. Pueden vivir en hábitats muy diferentes, desde selvas a desiertos, pudiendo ser incluso arborícolas.

Existen diferencias importantes entre grandes y pequeños felinos. Por ejemplo, los grandes pueden rugir (excepto el puma y el guepardo) debido a que su aparato hioideo es más blando, sin embargo, solo ronronean con la exhalación y presentan pupilas redondas. Mientras que los pequeños tienen las pupilas verticales y sus almohadillas se encuentran desprovistas de pelo parcialmente.

Finalmente, podemos concluir que tanto pequeños como grandes felinos tienen un comportamiento muy similar cuando viven de manera salvaje. Y es que, como bien dijo Victor Hugo, “Dios hizo el gato para ofrecer al hombre el placer de acariciar un tigre.”

La alimentación del gato

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A la hora de elegir la alimentación que queremos darle a nuestro gato debemos tener muy en cuenta que éstos son carnívoros estrictos. Sin embargo, esto no quiere decir que deban alimentarse solo a base de carne, pero ésta debe formar parte de su dieta diaria, pues contiene aminoácidos esenciales para los felinos, como la taurina o la arginina, que no se encuentran en otros alimentos y, sin los cuales, desarrollarían ciertas enfermedades (sobre todo de tipo cardíaco).

Existen diferentes tipos de alimentos para gatos, que podemos clasificar en:

– Alimento seco: son gránulos de comida completamente equilibrada que le aportan a tu mascota todos los nutrientes necesarios para una correcta alimentación. Además, al tener una textura dura, ayuda a evitar la aparición de sarro dental.

– Alimento húmedo: podemos encontrarlo en latas o sobres y suele presentarse en forma de paté. También aporta una nutrición equilibrada, aunque no es aconsejable una dieta exclusivamente de ello, pues provoca la aparición de mal aliento.

– Alimento casero: podemos prepararlo en casa a base de carne (pollo o algún pescado, siempre sin huesos o espinas), verduras y algún cereal (principalmente arroz), pero no es del todo aconsejable, pues no se trata de una dieta balanceada como tal.

En ocasiones podemos darles alguna “chuchería”, como un trozo de jamón york o un poquito de atún. Pero debemos tener mucho cuidado con el tipo de alimento, pues este puede resultar tóxico. Por ejemplo, la cebolla o el chocolate pueden ser mortales para nuestros pequeños en grandes cantidades. Por lo que podemos concluir que la toxicidad se debe a una dosis elevada del alimento en cuestión.

Otro aspecto importante a valorar es el momento en el que dar el alimento. Los gatos en el medio natural son cazadores, lo cual hace que busquen algún bocado cuando sientan hambre. Además, son animales muy fácilmente estresables, y el no disponer de comida en ciertos momentos puede causarles ansiedad. Por todo esto, lo recomendable es no limitarles el acceso al alimento y que sean ellos mismos quienes se organicen para ingerirlo.

Finalmente, añadir que nuestra recomendación es la administración de alimento seco diario sin restricción (exceptuando animales que presenten algún tipo de patología en la que sea necesaria esta limitación), junto con alimento húmedo en días alternos y, de vez en cuando, algún snack para premiarlos.

Inseminación artificial en gatos

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La inseminación artificial consiste en la utilización de técnicas que reemplazan a la copulación para lograr cruzamientos de interés que no son posibles de manera natural.

Aunque el gato doméstico es una especie extremadamente fértil, en ciertas ocasiones, este método de reproducción asistida puede sernos de gran utilidad, pues nos permite conservar de forma indefinida la dotación genética de individuos valiosos, ya sea desde el punto de vista genético, económico o incluso afectivo.

No es necesario que usted sea un criador que ha obtenido una genética maravillosa en una de sus camadas y quiera preservarla para la mejora racial, puede que simplemente haya decidido castrar a su gato para aumentar su calidad de vida, pero no quiere negarse la posibilidad de tener descendencia de éste en un futuro.

Además, es una técnica esencial para la conservación de especies y razas en peligro de extinción como, en el caso de los felinos, sucede con el lince ibérico. En este último, ha sido posible extrapolar técnicas muy estudiadas y empleadas en gatos.

Finalmente, podemos destacar que, aunque la inseminación artificial en gatos no tenga una gran demanda, es un campo que necesita seguir siendo investigado, pues nos ofrece la oportunidad de proteger la gran biodiversidad de felinos que habitan nuestro planeta.

Italia y su amor por los gatos

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¿Y qué es lo que tienen los gatos para que te gusten tanto? Es una pregunta que me han hecho muchas veces a lo largo de mi vida y que, por más que trato de contestarla, nunca tengo una respuesta exacta. Y es que los gatos tienen una magia especial de la cual es difícil escaparse una vez que te ha hechizado.

No sé qué tendrán, pero desde luego, en Italia lo saben. Recientemente he hecho un viaje por este país y en todas y cada una de las ciudades que he visitado he visto el reflejo del amor por estos felinos que tienen los italianos.

En Turín me encontré con algunas esculturas de gatos por las calles; estuve en el Museo Egipcio donde vi momias y estatuillas de ellos; y entré en la MiaGola Caffè, una cafetería cuidada al más mínimo detalle, donde pude acariciar mininos mientras me tomaba un delicioso cappuccino.

Por otro lado, en Venecia pude observar escaparates repletos de cosas de gatos, así como máscaras y figuritas de cristal de Murano por doquier.

Y fue en Roma donde verdaderamente sentí la pasión de esta gran nación por los gatos, pues justo al lado del Foro Romano estuve fotografiando una colonia que estaba estupendamente cuidada, donde todos los individuos que la formaban tenían su correspondiente marca en la oreja y una mirada que me decía que sabían que su trabajo era dejarse hacer fotos por los turistas.

Después de mi pequeña aventura italiana sigo sin poder decir qué es lo que tienen los gatos, pero lo que sí sé es que compartir tu vida con estos animales es un regalo que nos brinda la naturaleza y que yo, desde luego, no estoy dispuesta a perderme.

Las vibrisas

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Los bigotes y las cejas están constituidos por pelos rígidos más o menos largos que actúan como receptores táctiles denominados vibrisas. Éstas, además, pueden aparecer aisladas o formando grupos, en distintas partes de la cabeza y de los miembros.
Las vibrisas son el doble de gruesas que el resto de pelos del organismo y se encuentran insertadas a mayor profundidad en la dermis, acabando en un seno sanguíneo con múltiples terminaciones nerviosas.

Podemos encontrarlas a ambos lados de la nariz, sobre los ojos, bajo el mentón y las mejillas y detrás de las patas delanteras. Todas ellas permiten al gato explorar con precisión el espacio próximo, pues actúan como sensores que marcan la posición de todo aquello que rodea al gato y ayudan a éste a decidir sus movimientos. En el caso de los gatos ciegos, se ha observado que adelantan los bigotes para evaluar mejor dónde se sitúan los obstáculos.

Además, cumplen una función comunicativa, pues según su posición podremos saber si el gato está enfadado (las coloca hacia adelante), asustado (las pega hacia sus mejillas) o tranquilo (posición normal).

Finalmente, y tras conocer su importancia, debemos destacar que nunca se deben cortar las vibrisas, pues de esta forma limitaríamos las capacidades perceptivas y comunicativas del gato.

La gestación en la gata

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La gata presenta ovulación inducida, es decir, ésta se produce gracias a que el macho muerde en el cuello a la hembra y le clava las espículas que presenta en el pene. Es de destacar, que ambos procesos son realmente necesarios para que ovule.

Sin embargo, un 20% de las gatas puede desencadenar la ovulación mediante estímulos olfatorios, táctiles, visuales o auditivos (solo con ver, oler u oír al macho), por lo que en este caso se trata de una ovulación espontánea.

Una vez que el espermatozoide del gato alcanza el óvulo se produce la fecundación y, tras esta, comenzará la gestación de la gata, la cual durará alrededor de 63 días. En cada gestación pueden desarrollarse múltiples vesículas embrionarias que se implantan a lo largo de los dos cuernos uterinos.

La placenta de los felinos es de tipo endoteliocorial, lo que significa que destruye parte de la mucosa uterina. Además, morfológicamente se clasifica como zonal, pues presenta vellosidades distribuidas únicamente en una zona central a modo de cinturón. En los bordes podemos encontrar los denominados hematomas marginales, que son acúmulos de sangre no coagulada de color verde, por lo que es normal observar una secreción negro-verdosa en el parto.

Tras 2 meses de gestación se producirá el parto, para lo cual la gata escogerá un lugar tranquilo y apartado. Podremos observar que 24-48 horas antes deja de comer, su temperatura desciende por debajo de los 39ºC y realiza intensos maullidos como señal para avisar de la inminente llegada de los gatitos.

Foto cedida por Francisco Gil Cano, Catedrático de Anatomía y Embriología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia, y publicada en “Embriología Veterinaria: Un enfoque dinámico del desarrollo animal”, autores: José García Monterde y Francisco Gil Cano. Editorial Inter-Médica (2013).

El saco embrionario procede de un animal que tuvo que ser sacrificado mediante procedimientos humanitarios (no se sacrificó para obtener los fetos).

Tama, la gata jefa de estación

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Que los gatos son seres fantásticos es algo que ya se ha dejado claro en muchas ocasiones en La Era Gatera, pero existen algunos felinos que, por las responsabilidades que han llegado a asumir, se han ganado un lugar especial en la Historia. Hace ya algún tiempo en Ad Absurdum hablábamos de Stubbs, un gato que llegó a ser alcalde de la localidad de Talkeetna (Alaska), pero hoy queremos hablaros de una gata japonesa muy especial…

Y es que ser alcalde es toda una responsabilidad, pero ser el garante de la seguridad de miles de pasajeros es una responsabilidad aún mayor. Es el caso de Tama, una gata calicó que en la actualidad es jefa de estación y directora de operaciones de la estación de Kishi (Wakayama, Japón).

Tama fue adoptada, junto a otros gatos callejeros, por una empleada de la estación que los alimentaba y cuidaba en las instalaciones del ferrocarril. En seguida el resto de la plantilla de la empresa se enamoró de la pequeña gata, y decidieron nombrarla oficialmente como jefa de estación en 2007. El cargo es absolutamente real, y debe estar siempre uniformada con un sombrero de jefe de estación y presente para saludar a los pasajeros en cada viaje. Además, como la legislación obliga a percibir un sueldo a cambio de estos servicios, Tama recibe su salario en forma de comida para gatos en lugar de dinero.

La presencia de Tama en la estación de Kishi supuso un incremento de más del 10% de pasajeros al año, y ha dejado alrededor de 1,1 mil millones de yenes en la localidad, por lo que en 2008, Tama fue condecorada y nombrada caballero por el gobernador de Wakayama, y ascendida a “súper jefe de estación”. Lo más triste de esta historia es que Tama es la única mujer que ostenta un cargo de dirección en la empresa para la que trabaja. Mediten.

Este post ha sido escrito por el equipo de Ad Absurdum en colaboración con La Era Gatera.

Para más información visita: http://adadabsurdum.blogspot.com.es/

Ailurofobia

Ailurofobia

 

La palabra “ailuro” es un término griego cuyo significado es “gato”. Por tanto, la ailurofobia, es el miedo o rechazo a los gatos. Sin embargo, se trata de un miedo persistente, anormal e injustificado a estos animales, que puede llegar a ser incluso patológico.

Es una fobia muy común y, las personas que la padecen, sufren taquicardia, dificultades respiratorias, sudoración excesiva y ataques de pánico al tener un gato cerca. También puede aparecer el miedo al ver imágenes de gatos, dependiendo siempre de la gravedad del trastorno.

El miedo puede remontarse a una mala experiencia con un gato durante la infancia, una edad muy impresionable donde un simple rasguño de un animal que intentaba defenderse puede dejar al individuo marcado.

Asimismo, durante la Edad Media los gatos eran asociados a la brujería, el demonio y lo sobrenatural. Y, aunque parezca mentira, dicha creencia continúa, a día de hoy, en el subconsciente de muchas personas.

Finalmente, es de destacar algunos personajes muy conocidos que han sufrido ailurofobia, como son: Julio César, Benito Mussolini, Adolf Hitler y Napoleón Bonaparte. Este último, como hábil político que era, utilizó a los gatos como arma diplomática. Cuando se entrevistó con el sultán de Egipto, sabiendo el aprecio que los egipcios tenían a estos animales, mantuvo uno en su regazo durante la entrevista.

Curiosamente, la mayoría los personajes que sufrían esta fobia no destacaron precisamente por su benevolencia. Quizá el tener un gato cerca nos haga ser más bondadosos.