Cómo proteger a tu gato de una caída

De todos es sabido que los gatos son grandes amantes de las alturas. Les encanta observar desde arriba, y si encima es el mundo exterior, les supone un reto mayor y hace que afloren sus instintos más felinos. El problema surge cuando, siguiendo este instinto, no se encuentran protegidos adecuadamente y puede haber algún accidente (el llamado síndrome del gato paracaidista, del que hemos hablado en otro post anteriormente).

Por ello, es importante que adaptemos nuestro hogar para hacerlo lo más seguro posible a nuestros mininos. Existen multitud de técnicas, más o menos sencillas y de todos los gustos, para llevarlo a cabo. El cerramiento puede consistir en una simple mosquitera o red plástica que quede bien anclada en los laterales y no deje espacio para que el gato pueda salir. En este caso recomendamos redes diseñadas específicamente para este fin, pues el material del que están hechas es más resistente a la luz solar y a los posibles mordisquitos que se puedan llevar. Sin embargo, para aquellos casos donde esto no sea suficiente debido a las características de la ventana, balcón o terraza, podemos emplear otro tipo de materiales como redes o vallas metálicas, que aportan mayor rigidez.

Finalmente, destacar que un gato puede vivir perfectamente dentro de casa, pero si le proporcionamos un cerramiento adecuado, le permitiremos que pueda disfrutar de manera segura del aire y el sol y nos lo agradecerá.

Los gatos y el feminismo

Es indiscutible que estamos viviendo la era del feminismo. Ahora bien, este se puede definir de múltiples maneras. Por un lado, la RAE indica que es “la ideología que define que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Esta definición coloca al hombre como aquello a lo que las mujeres deben aspirar, lo cual resulta un tanto machista en sí mismo. Angela Davis considera que “el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos personas”. De esta manera, no hacemos distinción de sexo y todas las personas pasamos a tener los mismos derechos.

La propia definición suscita controversia, pero es que nuestra sociedad es sexista y, por tanto, el uso que hacemos del lenguaje. Los términos relacionados con el hombre denotan siempre algo bueno: “ser la polla”, “echarle cojones”, “ser un zorro”… Sin embargo, los de la mujer son todo lo contrario: “ser un coñazo”, “ser una nenaza”, “ser una zorra”…

Estarás pensando que qué hace un blog de gatos hablando sobre feminismo, ¿verdad? Pues resulta que los gatos y las mujeres tienen bastante en común y, es por ello, que queremos visualizar algunos aspectos que atañen a los felinos y dibujar un pequeño paralelismo entre ambos, siempre desde el más profundo respeto.

El gato ha sido venerado por múltiples culturas, pero también ha sido odiado a lo largo de la historia. No hay más que pensar en la epidemia de la Peste Negra que asoló a Europa en la Edad Media debido que el Papa Gregorio IX declaró al gato como una “criatura diabólica” y las ratas dejaron de tener depredador. Asimismo, los gatos pasaron a ser un objeto de superstición, pues se hizo creer que poseían poderes de magia negra y eran los compañeros de las brujas. Estas últimas eran en realidad mujeres sabias adelantadas a su tiempo con conocimientos en campos como la botánica, química, cocina, sexualidad, reproducción y medicina; y chocaban de pleno con las élites eclesiásticas y políticas de la época.

En relación a esto, el gato se ha representado en el mundo del cine como un animal malvado. Existen muchos ejemplos de gatos famosos: Si y Am, los gatos siameses de La Dama y el Vagabundo; Lucifer de La Cenicienta; Silvestre, de los Looney Tunes; Tom, de Tom y Jerry; MADGato, de Claw el criminal contra el que lucha el Inspector Gadget, Gargamel y Azrael, de Los Pitufos; Salem, de Sabrina, cosas de brujas; Sr. Tinkles, de Como perros y gatos y un largo etcétera. Estos personajes han calado en nuestro subconsciente haciéndonos relacionar al gato con adjetivos como arisco, esquivo o independiente (en sentido despectivo, como si esto fuera algo negativo). Sin embargo, si pensamos en un perro ¿qué adjetivos nos vienen a la mente? ¿a qué son bien diferentes?

La domesticación del gato comenzó hace tan solo 10.000 años, mientras que la del perro hace más de 30.000. Esto significa que el perro está mucho más adaptado al hombre que el gato. De hecho, todo el que convive con un gato sabe que se debe adecuar a él y quizá esto sea parte de su encanto, que es una relación basada en el respeto. Jodorowsky lo decía: “Amor es lo que tenemos mi gato y yo: ¡no nos pedimos nada, ni él quiere cambiarme, ni yo a él! Eso es el amor: estar contento con la existencia del otro, simplemente. No esperar nada de él.”

Como veterinarias debemos decir que ya desde las facultades no se hace una diferenciación entre el perro y el gato, sino que se trata a este último como un perro pequeño. ¿Si son seres tan diferentes por qué se ha de hacer una comparación? Los gatos merecen un estudio a parte y un trato especial. Nosotras lo tenemos claro, estamos viviendo también la era gatera y la medicina felina ya es nuestro presente y será nuestro futuro.

El reflejo de Flehmen

¿Alguna vez os habéis preguntado que hace vuestro gato cuando pone cara de haber presenciado algo que ocurría en otro lugar?

Pues, nada más lejos de la realidad, cuando nuestros gatitos permanecen en este estado están recibiendo información del exterior a través de las feromonas. Estas le informan sobre animales extraños, su edad, salud, jerarquía… incluso si está en celo o no, muy importante para la propagación de su especie y, sobre todo, para su supervivencia.

Cuando detectan estas feromonas, abren la boca y retraen los labios generando esa carita que tanta gracia nos hace y recibe el nombre de reflejo de Flehmen. De esta forma, son capaces de transportar estas moléculas químicas hasta el órgano vomeronasal localizado entre las fosas nasales y la boca. Este órgano pertenece al sentido del olfato, las neuronas presentes en él son las encargadas de detectar estos estímulos, y se encargará de conducirlos al hipotálamo situado en el cerebro, donde se analizará toda la información.

No son los únicos animales que tienen esta respuesta, los caballos, cabras e hipopótamos entre muchos otros mamíferos, nos brindan escenas difíciles de olvidar. Como curiosidad, las serpientes usan este órgano para detectar presas a larga distancia, sacan la lengua y atraen partículas hacia el interior de su boca. En el caso de los humanos no se sabe a ciencia cierta si el órgano vomeronasal es activo, se atrofia o es funcional, los científicos difieren.

Como vemos, tenemos en casa a pequeños videntes en potencia que pueden saber lo que ocurre a cientos de kilómetros de distancia. Y tú, ¿Alguna vez has visto a tu gatito haciéndolo?

El desarrollo sexual del gato

Los felinos tienen un comportamiento sexual muy marcado y característico. La gata doméstica tiene un ciclo reproductivo denominado poliéstrico estacional creciente, es decir, le influyen las horas de luz del día. El término poliéstrica quiere decir que en estación reproductiva, tendrán celos de forma continua salvo que sean interrumpidos por una enfermedad, una gestación o una pseudogestación. Como hemos dicho , las gatas domésticas son especies fotodependientes, es decir, comienzan a tener celos conforme aumentan las horas de luz diarias, por lo que ciclan sobre todo en estaciones con días largos. En nuestro hemisferio, las gatas ciclan sobre todo en primavera y verano. Sin embargo, con un régimen de luz artificial de unas 14 horas diarias pueden ciclar todo el año. Si las horas de luz son inferiores a 8 horas diarias las gatas dejan de tener celos y entran en pausa reproductiva o fase conocida como anoestro.

El ciclo sexual de la gata se divide en varias fases. La primera se llama proestro, dura unos 2 días y se produce un aumento de los estrógenos, lo que conlleva al típico comportamiento de atracción al gato macho (aunque aún no deja que le monte), vocalizaciones, fricción con objetos o con los miembros de su familia, pisoteo con los miembros posteriores y “rolling” (dar vueltas sobre sí misma en el suelo). Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en la perra, no se suelen ver sangrados por la vulva.

La segunda fase se llama estro, y se caracteriza por el aumento de las vocalizaciones, ladeo de la cola y posiciones arqueadas del lomo. Es en esta fase donde acepta la monta, que a su vez produce la ovulación y tras la cual se puede quedar preñada. Una característica de las gatas es que son de ovulación inducida, lo que quiere decir que necesitan tener un estímulo para poder ovular. Este puede ser el propio comportamiento de la monta (mordiscos en el cuello, vocalizaciones…) o, hasta en un 30% de las gatas, por estímulos visuales y olfativos de machos cercanos o en gatas que viven juntas en colonias.

Si una gata entra en celo y no se produce la monta y, por lo tanto, no ovula, el ciclo será muy corto y volverá a ciclar de forma muy seguida (son las llamadas “gatas de celo insoportable”). Sin embargo, si la gata ovula de manera espontánea y no está con un macho que la pueda montar y, por tanto, no se queda preñada, entra en una fase que se llama diestro (estas gatas son “más soportables” ya que su ciclo es más largo y ciclan con menor frecuencia).

La única forma de evitar el celo de nuestras queridas gatas es castrarlas pero, en aquellas que aún no lo estén, muchos veterinarios recomiendan de manera excepcional simular las condiciones de una monta. Para ello se puede realizar un pellizco de la piel del lomo simulando el que hacen los gatos durante la monta, así como introducir un bastoncillo por la vagina para simular la propia monta. De esta forma, se intenta que ovulen y entren en un ciclo más largo y más llevadero.

Las gatas alcanzan la pubertad sobre los 6-8 meses, cuando llegan al 80% de su peso corporal. Existen factores que pueden adelantar su llegada, como un crecimiento muy rápido, vivir en colonias o en zonas geográficas con más horas de luz diaria. Las razas orientales como el Siamés y el Balinés son más precoces, pudiendo llegar a los 4 meses; y las de pelo largo como el Persa, Bosque de Noruega o Maine Coon son más tardías, llegando incluso al año.

El gato macho no tiene un comportamiento sexual tan complejo. La pubertad la alcanza entre los 8-10 meses, estando también condicionada por el hecho de vivir en compañía de otros gatos. Podemos saber que un gato macho ha alcanzado la pubertad porque aparecen espículas o pequeñas espinas en la superficie del pene, crecen los testículos y pueden comenzar a manifestar signos como marcaje o vocalizaciones.

La importancia del rascador

El rascador es un elemento que debe encontrarse en todo hogar en el que viva un gato, ya que permite la realización de la conducta natural de rascado. Este comportamiento tiene algunas funciones biológicas como son:

  • Afilarse las uñas.
  • Estirarse y tonificar la musculatura.
  • Deposición de feromonas de las glándulas interdigitales, con el consiguiente marcaje olfativo.
  • Marcaje visual del objeto rascado.

Las dos últimas forman parte de la comunicación propia del gato y constituyen una forma de marcaje. Los objetos que prefieren marcar suelen estar cerca de los lugares de descanso en las zonas centrales de la casa. Debido a ello, la colocación del rascador ha de realizarse siempre teniendo esto en cuenta y no solo donde nos venga bien a nosotros. Asimismo, el rascador ha de tener una base estable y un tamaño acorde al gato, ya que si se mueve o es demasiado pequeño no lo utilizará por miedo o incomodidad.

En cuanto al tipo de rascador, existen múltiples modelos para  todo tipo de presupuestos en el mercado y elegir el adecuado dependerá de las preferencias que tenga nuestro gato. Lo ideal es combinar uno vertical y otro horizontal, ya que el estiramiento que realizan con cada uno es diferente; así como diferentes materiales como esparto y cartón. Además, para hacerlo atractivo podemos colocar sobre él hierbas como catnip o valeriana.

Cómo transportar a tu gato

Lo primero que debemos tener en cuenta a la hora de transportar a nuestro gato es que el hecho en sí de salir de su territorio supone un gran estrés para él, por lo que debemos hacerlo de la manera más tranquila posible.

Es muy importante que el transportín forme parte del ambiente. Podemos colocarlo en algún rincón de la casa con la puerta abierta o directamente sin esta para que se pueda meter en él siempre que quiera. De esta manera, le servirá como escondite cuando lo necesite y se impregnará de su olor, por lo que cuando tengamos que introducirlo en él le resultará familiar. Un truco para que le resulte más atractivo es darle chuches o comida húmeda dentro, así lo relacionará con algo positivo.

Por otro lado, antes de realizar cualquier viaje, ya sea lejos o simplemente al veterinario, debemos planificarlo con tiempo y tener todo lo que necesitemos preparado. ¿Y qué es lo que necesitamos? Pues algo mullido para colocarlo en el interior del transportín y que vaya más cómodo, una manta o toalla para cubrirlo y que se encuentre más relajado y, si queremos hacerlo perfecto, podemos pulverizar feromonas (Feliway®) media hora antes sobre las esquinas interiores.

A la hora de meterlo en el transportín también debemos llevar cuidado y no hacerlo de manera brusca. Podemos poner alguna chuche o juguete dentro y, si no se mete solo, se puede colocar el transportín sobre una superficie con la entrada justo en el borde para que no tenga ningún punto de apoyo externo y tenga que entrar en él obligatoriamente, pero sin la sensación de que le estamos forzando a ello.

Finalmente, si vamos a trasladarlo andando debemos intentar que el transportín tenga la máxima estabilidad posible y se deben evitar carritos, ya que generan mucho ruido y pueden suponer un estrés mayor. Del mismo modo, si el viaje se va a realizar en coche, debe situarse el transportín en un lugar seguro, ya sea encajado en el suelo o en el asiento trasero sujeto por el cinturón de seguridad.

La bolsa primordial

¿Qué es eso que le cuelga a mi gato de la barriga?

Os habréis dado cuenta de que a muchos gatos les “cuelga la barriga”, independientemente de ser machos, hembras, atléticos o regordetes. Y es que la función de este mondonguillo colgandero va más allá de la alimentación y de si están esterilizados o no. Esta zona blandita y pendular que cuelga por delante de las patas traseras se denomina bolsa primordial y es un exceso de piel y grasa que aparece cuando el gato ya es adulto, normalmente antes de cumplir el año. Está estratégicamente colocada para cumplir diferentes funciones:

  1. Proteger los órganos abdominales durante las peleas con otros gatos.
    ¿Sabéis cuando un gato pega esas “patadas de conejo” con las patas de atrás durante juegos y peleas? Cuando los gatos pelean suelen ir dirigidas directamente al abdomen del oponente. La bolsa primordial está ahí para amortiguar los golpes y proteger órganos importantes como la vejiga, los riñones y el bazo.
  2. Perfeccionar el salto.
    Tener piel extra delante de las patas traseras les ayuda a poder extender totalmente las extremidades durante los saltos y las carreras, efectuando esos movimientos ágiles y elegantes típicos de la especie felina. Esto resulta muy útil para perseguir y cazar presas, haciendo sus ataques infalibles.
  3. Reserva de comida.
    Esta función es heredada de sus parientes más salvajes. El exceso de piel también les sirve para “no reventar” y poder pegarse grandes atracones de comida, lo que es bastante frecuente en los gatos salvajes, que pueden permanecer días sin comer hasta cazar una presa, de la que consumirán tanto como puedan.

Como decíamos, la bolsa primordial es independiente de la condición corporal del gato, la tienen tanto flacos como obesos. Sin embargo, en estos últimos puede ser más evidente ya que actúa como reservorio de grasa. También puede acentuarse cuando el gato ya es mayor, ya que la flacidez de la piel aumenta y la tensión de los músculos disminuye, haciendo que la bolsa primordial parezca aun más colgandera. Por el contrario, en las gatas gestantes la bolsa primordial desaparece para dejar sitio a la barriga de la madre, lo que es más evidente cuando se va acercando el parto.

Como curiosidad, en algunas razas de gatos la bolsa primordial es una característica imprescindible, como en el Bengalí, el Pixie-Bob y el Egiptian-Mau, que buscan la semejanza física con los gatos salvajes.

Los gatos y el frío

Las temperaturas van bajando, comienzan las primeras heladas y las lluvias son más frecuentes. Hace tiempo de quedarse en casa y tomar algo caliente. A nuestros queridos mininos les pasa igual, aunque vayan con abrigo todo el año. Todos sabemos lo que les gusta a los gatos el calorcito, son animales que vienen del norte de África, por tanto, se adaptan mejor a las temperaturas altas y lo pasan peor con el frío. Su pelaje cambia según la estación, haciéndose más tupido durante el otoño y perdiéndolo al principio de la primavera. Esto ocurre sobre todo en los gatos que tienen acceso al exterior o viven en la calle, ya que notan más el cambio de estación. Nuestros gatos caseros no desarrollan el pelaje de invierno ya que la temperatura de las casas suele mantenerse más o menos estable durante el año, sin llegar a subir ni bajar demasiado. Por tanto, necesitan calentarse igual que nosotros para no pasar frío. En este post os damos algunos consejos para proteger a nuestros felinos del invierno, tanto los que tenemos en casa como los que viven en las calles.

6 soluciones para adaptar la casa:

  1. La mayoría de los gatos caseros pasan solos toda la mañana, y cuando llegamos de trabajar es cuando ponemos la calefacción. Una forma sencilla de proporcionar calor a nuestro gato mientras no estamos en casa es colocar un sitio de descanso donde entre el sol por la mañana. El sol es un imán para los gatos, si nos aseguramos de poner una alfombra o una camita en ese sitio de la casa tendremos a nuestro gato calentito y contento toda la mañana.
  2. Las hamacas de radiador son una solución fácil y práctica para proporcionar una zona de descanso cálida y confortable. Para que la usen es importante que esté bien cogida y no se mueva, y también que esté en un sitio donde paséis bastante tiempo. Por ejemplo, el salón o el estudio sería un buen sitio, mientras que si la ponemos en el pasillo o la entrada no lo normal es que no tenga éxito.
  3. Las mantas térmicas son la solución definitiva para que tu gato no se te siente en el ordenador mientras trabajas. Ponla cerca de tu zona de trabajo y tendrás un gato contento de tenerte cerca y estar calentito. Existen varias opciones:
    1. Eléctricas, debemos que comprobar que regulan bien la temperatura y no ponerla al máximo, ya que si calientan demasiado podrían causarle quemaduras al gato.
    2. Rellenas de semillas que se calientan al microondas y mantienen la temperatura durante varias horas. Igualmente, es preferible no calentarlas al máximo.
    3. Autocalentables, que devuelven el calor que desprende el gato. Funcionan parecido a una manta de accidentados, con la ventaja de estar cubierta de un tejido agradable, tipo polar.
  4. Mantas suaves. Afortunadamente las mantas tipo peluche están de moda y a nuestros gatos les encanta amasarlas y acurrucarse en ellas. Si tienes un gato poco cariñoso tápate en el sofá con una de esas mantas y verás que rápido viene a compartirla contigo.
  5. Calentar la comida que venga de la nevera es una buena idea sobre todo para los gatitos muy pequeños y ancianos, que termorregulan peor. Además, al calentar la comida húmeda potenciamos el olor y estimulamos el apetito, lo que es muy interesante en los gatos más vulnerables.
  6. En casas multigato es imprescindible que proporcionemos estos recursos en suficiente cantidad para que no haya disputas por ellos, especialmente si los gatos que conviven bajo el mismo techo no se llevan especialmente bien.

No nos olvidemos de los que viven en la calle:

  1. Si alimentamos colonias felinas en nuestro barrio una opción para que el agua tarde menos en congelarse es colocar los recipientes en moldes de porexpan. Evitar los recipientes de metal, en este caso es mejor que sean de plástico. Si les damos comida húmeda podemos calentarla ligeramente.
  2. Mirar bajo el coche y golpear el capó. Muchos gatos se refugian del frío en los motores de los coches, que quedan calientes durante un tiempo después de apagarse. Si el gato no sale y arrancamos el coche podemos causarles daños muy graves.
  3. Si la colonia esta controlada y no tiene riesgo de intromisión proporcionaremos refugios aislados con porexpan y mantas. Si existe gamberrismo en tu zona, no es una buena idea, ya que podemos poner en peligro a los gatos que no podrían escapar si se les ataca.

Con qué frecuencia debe vomitar un gato

Muchas veces descubrimos en consulta que los cuidadores no saben exactamente cuántas veces debería vomitar bolas de pelo su gato al año. Tener claro este concepto podría ayudar a detectar una patología digestiva a tiempo, con el fin de ahorrar sufrimiento y poder realizar un diagnóstico temprano, mejorando el pronóstico a corto-largo plazo.

Pero, ¿Cuántas veces debería vomitar bolas de pelo un gato en un año? No hay un número exacto, que podamos concretar y decir hasta aquí es normal, a partir de aquí existe una patología. Dependerá del gato, del tipo de pelo (corto o largo), de si se purga (ingiere hierba gatera u otras plantas), etc.

Su organismo, de forma fisiológica, debería poder eliminar ese pelo que ingiere cuando se acicala diariamente. No es normal que nuestro gato acumule esas cantidades de pelo y, tras cierto tiempo, las vomite. Lo mismo se aplica a vómitos con comida digerida o sin digerir.

En general, consideramos normal una media de 1-2 veces al año, aunque puede aumentar 2-3 veces más si el gato es de pelo largo, y puede ser aún mayor si se purga habitualmente.

Aún así, queremos remarcar que siempre dependerá del gato y, que si normalmente suele vomitar una media de 3-4 veces al año y de repente comienza a hacerlo 1-2 veces al mes, deberíamos comenzar a plantearnos que quizás nuestro gato puede estar sufriendo una alteración digestiva.

Si sospechamos de esto, deberemos dirigirnos al veterinario, pues podríamos estar ante un problema de tipo alimentario (alergias/intolerancias), parasitación intestinal u otras patologías gastrointestinales.

Conocer estos datos nos ayudarán a tratar el problema de forma precoz y brindarles a nuestros compañeros felinos la posibilidad de encontrarse mejor y aumentar su calidad de vida, mejorando su salud digestiva.

El síndrome del nadador

El síndrome del nadador en una alteración neonatal tanto de perros como gatos. Se desconoce con exactitud su causa, pero se cree que puede deberse a falta de espacio intrauterino durante el desarrollo fetal. Además, se sabe que ciertas razas presentan mayor predisposición, por lo que también puede ser debido al cruce entre animales emparentados.

Los gatos que sufren este trastorno presentan una postura corporal diferente, con las extremidades posteriores abiertas lateralmente como si estuvieran nadando estilo braza (de ahí su nombre). En ocasiones también se pueden ver afectadas las extremidades anteriores y pueden aparecer malformaciones del pecho, los huesos largos y las articulaciones.

Un gatito sano es capaz de ponerse de pie a los 10 días, mientras que los gatitos afectados presentan estos signos durante las primeras semanas de vida, siendo más visibles en la quinta y sexta semana.

El tratamiento se basa, sobre todo, en fisioterapia para incrementar el tono y la fuerza muscular, mejorar la coordinación de extremidades y estimular la circulación de los tejidos. Se debe realizar entre las tres y cuatro semanas de vida, pues los huesos y articulaciones son más fáciles de corregir a una edad temprana. Las técnicas que se pueden realizar son: masajes, fisioterapia pasiva con flexión y extensión de las extremidades, termoterapia e hidroterapia, así como colocación de vendajes y férulas si se considera necesario.

No hay estudios que confirmen la tasa de recuperación, pero si la afección no es muy severa y se realiza la fisioterapia de manera constante siguiendo las indicaciones del veterinario el pronóstico parece ser bueno.

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