Los gatos y los gorriones

Myojakdo «Los gatos y los gorriones”, Byeon Sang-Byeok (1730-1775)

Pintor del siglo XVIII, enclavado en la Corea de la dinastía Joseon (1392-1910). Muy conocido por sus pinturas de animales y retratos, con unas pinceladas muy precisas. Myojakdo está pintado en seda sobre tinta y lavado. Forma parte de la colección del Museo Nacional de Corea en Seúl, Corea del Sur.

En esta pintura podemos ver a dos gatos como protagonistas de la imagen. En la parte superior vemos a unos gorriones piando, posados en las ramas de un viejo árbol, ante la situación de peligro inminente por la presencia de los mininos. La instantánea es justo en el momento en que uno de ellos salta al árbol. Este gato tiene el manto gris a rayas y sus patitas blancas, aparece tenso con su espalda arqueada aferrado al árbol, ofreciendo su mirada de pavor hacia el otro gato blanco y negro, mucho más grande, que está sentado a pie del árbol estirando su cuello hacia arriba, para poder elevar su mirada al otro gato. Pero en ese momento desvía su atención a los movimientos que observa entre las hojas del árbol, distinguiendo a los pájaros que se preparan para emprender el vuelo y escapar de sus depredadores.

Las miradas y poses de cada uno de los gatos nos crea la sensación de que el gato a rayas está huyendo del gato más grande, qué seguro de su situación dominante, olvida por un momento que le trajo ahí, para fijarse un nuevo objetivo a su alcance. La curiosidad innata de algo nuevo en movimiento les hace cambiar instintivamente de actividad.

Es una pintura maravillosa donde el autor ha sabido plasmar actitudes cotidianas de dos animales, gatos y gorriones, que a menudo eran dibujados y pintados porque representaban la alegría de la longevidad.

Gatos nocturnos

“Gatos nocturnos”, Zai Naturaz Blai (1988 – )

Esta es una obra de un gran artista urbano nacido en Almería y un gran defensor de los gatos, a los que pinta de forma original y divertida.

Su obra nos descubre a los gatos, que como nocturnos que son, aprovechan la noche para hacer sus fechorías. Aquí se presentan como gatos-graffiteros y aparecen con objetos de pintura en sus patas para poner mucho color y movimiento en las paredes, están enredándose en sus largas colas, que le dan protección y equilibrio, y que aparecen y desaparecen por las sombras de la noche. Aquí los vemos alertados y parados momentáneamente en su actividad, posiblemente por algún ruido, por lo que sus miradas son de vigilancia y desconfianza.

Los gatos que han nacido en la calle saben, desde hace muchos años, que existen muchos peligros que le acechan, entre otros el comportamiento del humano hacia ellos, por lo que en principio hay que huir de él, y así se lo hacen ver las mamás-gatas de generación en generación, cuando sus gatitos apenas tienen dos meses, por su propia defensa, convirtiéndose en gatos ferales.

Niña con gato negro

“Niña con gato negro”, Giovanni Boldini (1842 – 1931)

Aprovechamos la exposición que se celebra en Madrid en otoño de 2019 dedicada a este artista, para comentar uno de sus cuadros. Nació en 1842 en Italia y murió en 1931. Se instaló en París en 1871; su estilo fue definido más por el realismo que por el impresionismo de la época.

En este cuadro vemos a una niña que, con aire despreocupado, posa con su hermoso gato negro en los brazos. El gato muestra una mancha blanca en el pecho y su pose es relajada apoyando su pata delantera sobre el brazo de la niña que lo sostiene, convirtiendo el regazo de la niña en su trono. El minino, con sus preciosos ojos verdes, sostiene la mirada hacia el pintor creyendo ser el protagonista del cuadro, dándonos la sensación de permanecer inmóvil. Sin embargo, la niña tiene un cierto movimiento, parece que acaba de coger al gato y quiere que sea ese momento el que imprima el pintor.

Todos conocemos esa duda sobre el gato y su dueño de: ¿quién adoptó a quién? En esta imagen queda de manifiesto que es la niña la adoptada por el gato.

Dessins sans paroles des chats

“Dessins sans paroles des chats”, “Dibujos sin palabras de los gatos”, Théophile-Alexandre Steinlen (1859 – 1923)

Con esta litografía que Steinlen realizó en 1898, queremos hacer un homenaje a todos los cuidadores, que apiadándose de los gatos “sin dueño”, no permiten que pasen hambre.

En este dibujo aparecen seis gatos que acuden ante la presencia de una niña que lleva en sus manos un recipiente con leche; ellos al verla comienzan a maullar, implorando lo que en unos segundos tomarán para después relamerse. Uno de ellos abusando de la confianza de la niña, y con más exigencia que el resto, sube por sus faldas queriendo alcanzar el delicioso líquido. Otro, ha preferido frotarse cerca de los tobillos de la niña, en señal de saludo y afecto, preludio a un posible ronroneo de agradecimiento. El gato más alejado tiene su cola en vertical, con ella nos dice que está contento por la presencia de la niña e interesado por lo que trae, está observando algo que le agrada, y su boca entreabierta, denota el maullido de reclamo, al igual que el resto de gatos. Es una escena que posiblemente se repita de la misma forma cada vez que sean atendidos por la niña.

El autor, ha plasmado perfectamente en este dibujo, el lenguaje corporal de los gatos ante la situación descrita. Steinlen, nació en Suiza en 1859 y murió en París en 1923, donde pasó gran parte de su vida, y donde frecuentaba el círculo de artistas del barrio de Montmartre.

Las Meninas

“Las Meninas”, Susan Herbert (1945 – )

Susan Herbert es una artista que introduce de una forma muy divertida a nuestros queridos gatos en cuadros muy conocidos y de estilos muy diferentes. Sustituye descaradamente a las personas que aparecen por felinos. El resultado es un trabajo serio e impresionante.

En “Las Meninas”, es un cuadro barroco pintado en el siglo XVII por Diego Velázquez donde están representados algunos miembros de la familia de Felipe IV. Susan fiel a no alterar el original, sustituye a las once personas que aparecen en el original por once gatos, y al perro por un cobaya gigante.

Si llamamos a cada uno de ellos por su nombre, tendríamos en el centro a una luminosa gatita atigrada, la Infanta Margarita Teresa, con mirada confiada hacia sus progenitores, que permanecen a este otro lado del cuadro, por lo que solo podemos verlos reflejados en el espejo del fondo del salón. Estos son los reyes dominantes de la colonia, Felipe IV y Mariana.

A ambos lados de Margarita aparecen las gatas que la cuidan, también atigradas, Agustina Sarmiento a su derecha, que le da agua en un búcaro, e Isabel Velasco, a su izquierda, que fijan sus miradas hacia ella.

A la derecha del cuadro en primer lugar aparece un cobaya que se deja patear por el gato bufón Nicolasito, y a su lado la rechoncha gata tricolor Mari Bárbola que mira con descaro a los Reyes, como si tuviera asegurado un puesto relevante en la jerarquía de la colonia por su edad. En el plano umbrío está la gata Marcela de Ulloa, con ropas que enmarcan su cara, ausente de lo que le rodea, pero atenta a la conversación del gran gato Diego Ruiz, a su lado, vestido de negro. Los dos son educadores de los pequeños felinos.

Al fondo vemos a otro gran gato con una capa sobre su hombros, que está fuera del salón sobre una escalera, que no se sabe bien si sube o baja, es José Nieto, Obrador del undécimo gato del cuadro situado a la izquierda, el gran maestro, el gran pintor Diego Velázquez, sus ropas nos dicen que pertenece a la orden de Santiago y está concentrado en la obra que está pintando, un gran cuadro, que posiblemente esté dedicado a los Reyes.

El cuadro de “Las Meninas” de Herbert, es un imaginativo universo de felinos, donde la jerarquía de los gatos que aparecen la establece el privilegio dado en su nacimiento, no por sus características de dominancia como pasaría en cualquier colonia gatuna.

El Jardín de las Delicias

“El Jardín de las Delicias”, El Bosco (1450 – 1516)

El Jardín de las Delicias es un famoso tríptico pintado a finales del siglo XV, por el holandés Hieronymus Bosch, más conocido como El Bosco, que podemos ver en el Museo del Prado. Se dice que no hay pintura más enigmática, fascinante, misteriosa y atrayente en la Historia del Arte. El gato es el único animal que podemos ver en cada uno de los tres paneles (sin contar los pájaros que están por todas partes).
En el panel izquierdo llamado “El jardín del Edén”, aparece un felino atigrado en la parte inferior, junto a Adán y Eva, acaba de cazar un ratón, y como es usual en estos casos con un andar pausado, lo lleva en la boca hacia un lugar donde pueda dejarlo solo ante su vista para ver sus movimientos y darle presa una y otra vez. Su aspecto es tranquilo e inocente, con el rabo enhiesto y las orejas de punta, indiferente a lo que ocurre a sus espaldas.

En el panel central, titulado “El jardín de las delicias”, vemos a un gato situado en el estanque de las doncellas, más esbelto y seductor. Ocupa una posición privilegiada en la composición, quizá porque se consideró un animal especial por muchas culturas, tiene un símbolo mágico: un cuerno. Sobre su lomo lleva a un grupo de hombres y mujeres desnudos paseándolos alrededor del estanque, como hacen el resto de animales, que al final serán conducidos al Infierno, que está representado en el tercer panel de este tríptico, donde la lujuria es castigada.

En este tercer panel, aparece un gato de aspecto demoníaco que está infligiendo un castigo a uno de los pecadores que se halla dentro de un tambor que toca haciendo un ruido infernal.

Quizá el gato fue elegido por el autor, representándolo una única vez en cada panel, por ser un animal que puede evocar la bondad, la exquisitez de movimientos, así como la maldad y la lujuria en momentos de la historia y en sus representaciones artísticas.

El Gato de Botero

“El Gato de Botero”, Fernando Botero (1932 – )

Esta escultura está situada en la Rambla del Raval de Barcelona. Allí destaca con especial intensidad este “Gato Gordo”, como es conocido jovialmente “El Gato Botero”. Todo el mundo reconoce la figura del gato grande y gordo, de cara infantil y larga cola, cuyos rasgos son fácilmente identificables con el personalísimo estilo de su creador, el célebre artista colombiano, Fernando Botero.
Esta célebre escultura está realizada en bronce y posee una longitud de siete metros, dos metros de anchura y otros dos de altura, presentando una deformación de volúmenes, donde prima la obesidad y las grandes dimensiones, con proporciones desmesuradas. Se trata de un gato negro con cola estirada, con una cara de sorpresa e ingenuidad, que porta un cascabel en su cuello, por lo que hace pensar en un gato casero y sedentario, que ha sido mimado con alimentos inapropiados que le han reportado un sobrepeso desmedido. Resultan también llamativos sus bigotes, que a modo de bastones cilíndricos de color marrón le decoran la cara. Parece un gato cansado que además empieza a ser mayor, pero que cae simpático por su porte.

Le Chat Noir

“Le Chat Noir” (1896), Steinlen (1859-1923)

La litografía a color de “Le Chat Noir”, es uno de los más famosos carteles publicitarios de la historia, fue diseñado para la gira de un Cabaret que obtuvo un gran éxito. Se inauguró en noviembre de 1881 por el artista Rodolphe Salis en el barrio de Montmartre de París, pero su diseñador fue Théophile Alexandre Steinlen, pintor, litógrafo y cartelista modernista de origen Suizo.
Pero ¿por qué “El Gato Negro”? Durante las obras del local, Salis encontró a un gato negro abandonado y Steinlen, que tenía una gran pasión por los gatos, lo plasmó en su famosísimo cartel, donde destaca el diseño de sus formas modernistas y la figura del gato, que sobresale notablemente sobre el fondo erigiéndose como el elemento principal y cargando con todo el peso visual. El círculo rojo que se encuentra justo debajo de su cabeza, le corona como un ser especial en Montmatre (letras que lleva impresas), y su porte nos muestra un gato queriendo ser arrogante y majestuoso, aunque su pelaje nos diga lo contrario, como su propia historia.
Todavía en nuestros días podemos ver la influencia del nombre y la imagen de este cartel y su gran transcendencia en todo el mundo, encontrándonos muchos establecimientos con este nombre, como el restaurante “Au chat noir” en Bruselas, el café “El Gato Negro” de Buenos Aires, el café “Le Chat Noir” de Corfú en Grecia, el café “Le chat noir” de Nantes, entre muchos otros. Ahora en Francia, el cabaret se ha convertido en un hotel y “Le Chat Noir” también es una conocida marca de galletas.

Origen de la figura del gato entre los hombres

gatoegipto

La convivencia entre felinos y humanos se remonta a 9.500 años, pero cuando pensamos en los inicios de la figura del gato entre los hombres, la memoria nos lleva al antiguo Egipto. Y es así, es el tiempo y el lugar en que con toda probabilidad se produce la conversión del felino salvaje en gato doméstico. Los fértiles cultivos por inundación del Nilo y el nacimiento de la civilización urbana dieron lugar a una acumulación de comida y grano que supuso la proliferación de ratones y aves. El felino salvaje se introduce en la sociedad humana, poniendo al servicio de ésta sus habilidades como cazador de pájaros y roedores a cambio de muchos beneficios.

En la cultura egipcia el gato asciende al rango de celebridad, tenía carácter sagrado por lo que recibía cuidados médicos y al morir era momificado y enterrado junto a sus dueños. A los egipcios no se les escapaba la extrema fecundidad de los gatos, por tanto este animal se convierte en símbolo de prosperidad y presta su efigie a la diosa Bastet, a la se dedican amuletos, estatuillas y talismanes.

Dos niñas visten a un gatito a la luz de las velas

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«Dos niñas visten a un gatito a la luz de las velas» Joseph Wright Of Derby (1734-1770)

Este pintor inglés resalta en su manejo de la luz artificial, las sombras y los efectos nocturnos. En este óleo, vemos a dos niñas que se entretienen disfrazando a su gato con el vestido de una muñeca, que aparece en el frente del cuadro. El gato permanece quieto con un gesto de resignación y el rabito entre las piernas nos comunica que el juego no le agrada por lo que mantiene la mirada algo triste. No obstante el lienzo resulta muy dulce por las miradas de las niñas y el modo dulce y tranquilo con el que es tratado el gatito, haciéndolo participar en el juego.
El tema de los niños jugando con los gatos que se había popularizado en la segunda mitad del siglo XVI, se repite como tema entre las muchachas de la burguesía inglesa del siglo XVIII, y que muy bien podría ser una escena de nuestro tiempo.

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