Los gatos y el feminismo

Es indiscutible que estamos viviendo la era del feminismo. Ahora bien, este se puede definir de múltiples maneras. Por un lado, la RAE indica que es “la ideología que define que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Esta definición coloca al hombre como aquello a lo que las mujeres deben aspirar, lo cual resulta un tanto machista en sí mismo. Angela Davis considera que “el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos personas”. De esta manera, no hacemos distinción de sexo y todas las personas pasamos a tener los mismos derechos.

La propia definición suscita controversia, pero es que nuestra sociedad es sexista y, por tanto, el uso que hacemos del lenguaje. Los términos relacionados con el hombre denotan siempre algo bueno: “ser la polla”, “echarle cojones”, “ser un zorro”… Sin embargo, los de la mujer son todo lo contrario: “ser un coñazo”, “ser una nenaza”, “ser una zorra”…

Estarás pensando que qué hace un blog de gatos hablando sobre feminismo, ¿verdad? Pues resulta que los gatos y las mujeres tienen bastante en común y, es por ello, que queremos visualizar algunos aspectos que atañen a los felinos y dibujar un pequeño paralelismo entre ambos, siempre desde el más profundo respeto.

El gato ha sido venerado por múltiples culturas, pero también ha sido odiado a lo largo de la historia. No hay más que pensar en la epidemia de la Peste Negra que asoló a Europa en la Edad Media debido que el Papa Gregorio IX declaró al gato como una “criatura diabólica” y las ratas dejaron de tener depredador. Asimismo, los gatos pasaron a ser un objeto de superstición, pues se hizo creer que poseían poderes de magia negra y eran los compañeros de las brujas. Estas últimas eran en realidad mujeres sabias adelantadas a su tiempo con conocimientos en campos como la botánica, química, cocina, sexualidad, reproducción y medicina; y chocaban de pleno con las élites eclesiásticas y políticas de la época.

En relación a esto, el gato se ha representado en el mundo del cine como un animal malvado. Existen muchos ejemplos de gatos famosos: Si y Am, los gatos siameses de La Dama y el Vagabundo; Lucifer de La Cenicienta; Silvestre, de los Looney Tunes; Tom, de Tom y Jerry; MADGato, de Claw el criminal contra el que lucha el Inspector Gadget, Gargamel y Azrael, de Los Pitufos; Salem, de Sabrina, cosas de brujas; Sr. Tinkles, de Como perros y gatos y un largo etcétera. Estos personajes han calado en nuestro subconsciente haciéndonos relacionar al gato con adjetivos como arisco, esquivo o independiente (en sentido despectivo, como si esto fuera algo negativo). Sin embargo, si pensamos en un perro ¿qué adjetivos nos vienen a la mente? ¿a qué son bien diferentes?

La domesticación del gato comenzó hace tan solo 10.000 años, mientras que la del perro hace más de 30.000. Esto significa que el perro está mucho más adaptado al hombre que el gato. De hecho, todo el que convive con un gato sabe que se debe adecuar a él y quizá esto sea parte de su encanto, que es una relación basada en el respeto. Jodorowsky lo decía: “Amor es lo que tenemos mi gato y yo: ¡no nos pedimos nada, ni él quiere cambiarme, ni yo a él! Eso es el amor: estar contento con la existencia del otro, simplemente. No esperar nada de él.”

Como veterinarias debemos decir que ya desde las facultades no se hace una diferenciación entre el perro y el gato, sino que se trata a este último como un perro pequeño. ¿Si son seres tan diferentes por qué se ha de hacer una comparación? Los gatos merecen un estudio a parte y un trato especial. Nosotras lo tenemos claro, estamos viviendo también la era gatera y la medicina felina ya es nuestro presente y será nuestro futuro.

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