Los gatitos neonatos huérfanos conllevan un reto importante y un compromiso con respecto no solo a alimentarlos, sino también a conseguir estimularlos para que sus riñones e intestinos funcionen de forma adecuada. En este post vamos a recordar una serie de cosas muy importantes para este segundo paso, respondiendo las preguntas más frecuentes sobre el cuidado de los gatitos.

En primer lugar, vamos a recordar rápidamente que los gatitos no son capaces de orinar ni defecar voluntariamente hasta las tres semanas de vida y que en la naturaleza, la madre es la encargada de estimular esos reflejos mediante un acicalamiento de la zona genital y anal, después de cada toma de leche. De hecho, si tenéis gatitos pequeños y los está criando su madre, muchas veces no veréis las cacas, puesto que las gatas las suelen ingerir al estimularlos y los limpian de inmediato tras defecar.

En este caso, si los gatitos cogen peso y maman con fuerza, sabemos que están haciendo cacas con normalidad. Ya que de forma natural, los gatitos con buena fuerza de succión, que comen con normalidad y que ganan peso tienen que defecar bastantes veces al día, normalmente casi después de cada toma o de cada dos.

Por tanto, cuidar de un gatito huérfano no solo conlleva proporcionarle un ambiente limpio y adecuado en cuanto a temperatura y humedad y alimentarlo correctamente, sino que también no podemos olvidarnos de estimular de forma adecuada la micción y la defecación. Durante las tres primeras tres semanas de vida, después de cada toma de leche de sustición comercial, los gatitos deben ser siempre estimulados para que orinen y defequen. Para ello, utilizaremos un algodón o una gasa mojada con agua templada a unos 37 grados y masajearemos el área tanto genital como perineal y del propio ano de forma muy suave para inducir el reflejo de micción y defecación. Esta estimulación es estrictamente necesaria también para la correcta socialización del gatito, puesto que la madre durante este periodo socializa con ellos estimulándoles y limpiándoles esas zonas como parte del acicalamiento, así ellos aprenderán a limpiarse adecuadamente de adultos. En muchas ocasiones los gatitos no defecan fácilmente solamente con estimulación y, en este caso, es muy útil realizar un suave masaje con los dedos a lo largo de toda la pared abdominal de arriba hacia abajo. Además este masaje también ayuda a los gatitos a evacuar el exceso de aire que acumulan en el estómago y que tragan al mamar y mejora los movimientos naturales del intestino o peristaltismo.

Si un gatito deja de defecar de forma constante significa que, o no se está estimulando de forma correcta para ello, o que los intestinos están parados por cualquier proceso o enfermedad. Es muy importante contactar con nuestra veterinaria para llevar al gatito y que nos enseñe a estimularlo o que lo explore para ver si tiene alguna enfermedad que haya parado el intestino, puesto que esto último es muy grave y puede conllevar la muerte del gatito.

Una vez que los gatitos tienen tres semanas de vida, son capaces de orinar y defecar voluntariamente. Sin embargo, un manejo suave del gatito, caricias y masajes en el abdomen antes de alimentarlos favorecerán la circulación de los intestinos y su desarrollo promoviendo una mejor defecación. Además, la zona genital y anal de los gatitos debe ser limpiada suavemente con un trapo ligeramente humedecido para seguir simulando el acicalamiento realizado por la lengua de su madre en condiciones naturales hasta los dos meses de vida.

Una vez que comenzamos a incluir dieta sólida en la alimentación del gatito podemos observar que defecan menos veces al día y eso puede ser normal, ya que las heces tienen menos agua y tardan más en formarse. Sin embargo, tienen que defecar mínimo una vez al día para que funcionen bien sus intestinos. Si observamos que los gatitos no defecan con normalidad o que las heces son muy duras, debemos incluir más agua en su dieta a través, por ejemplo, del uso de dieta húmeda. Si el gatito está estreñido, podemos añadir algo de aceite de oliva en poca cantidad en la comida (como mucho una cucharadita pequeña) o realizar un suave enema introduciendo 1 o 2 ml de agua atemperada a unos 37 grados de forma muy lenta por el ano y realizando a continuación un suave masaje en el abdomen. Si todo esto no funciona rápidamente, es decir, el gatito no defeca en el mismo día, debemos acudir inmediatamente a un veterinario para que evalúe al animal y nos proporcione un tratamiento adecuado.

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