La inmunodeficiencia felina es una enfermedad difícil de detectar por los cuidadores, de curso largo y síntomas muy leves. Va mermando la calidad y esperanza de vida de nuestros gatos, pasando desapercibida si no realizamos un control veterinario eficaz. Aprende un poco más sobre esta silenciosa patología.

El virus de la inmunodeficiencia felina (FIV), comúnmente conocido como el «SIDA felino», tiene baja capacidad de resistencia en el ambiente siendo sensible a la mayoría de desinfectantes habituales al no disponer de cápsula que lo proteja y, necesitando de un contacto estrecho entre gatos para poder contagiarse. Las formas de transmisión principales son a través de la saliva y de la sangre (peleas callejeras y ritual de monta) y, la infección por parte de la madre a los gatitos durante la gestación (en el útero) o durante la lactación (leche).

Se ha demostrado que la transmisión de la inmunodeficiencia de madre a crías durante la gestación no afecta a la totalidad de la camada, solo una parte se infectará, dependiendo de la carga viral y de la forma:

  • Aguda: FIV positivo hasta un 70% de los gatitos.
  • Crónica: probabilidad FIV positivo casi nula.

Este virus afecta a los glóbulos blancos, las células de defensa, destruyéndolos e impidiendo que se produzcan. Existen 4 fases durante la enfermedad:

  • Fase de viremia: síntomas clínicos que el cuidador no detecta. El gato desarrolla anticuerpos pero esta respuesta no es suficiente para eliminar el virus.
  • Fase asintomática o subclínica: se produce un debilitamiento progresivo y alteración del sistema inmune, puede durar meses, años o incluso toda la vida. Aparentemente sanos. Hay casos descritos en los que gatos positivos a esta enfermedad han vivido tanto como gatos negativos. El sida felino no tiene un periodo de latencia real (como sí existe en la leucemia) debido a que la infección viral progresa poco a poco, aunque el gato sea asintomático.
  • Fase de síntomas leves.
  • Fase de síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA): la destrucción de los linfocitos es lo que provoca la inmunodeficiencia. Estos gatos fallecen al perder una gran cantidad de peso y sufrir un gran deterioro físico, por las frecuentes infecciones oportunistas, al desarrollar neoplasias (mayor predisposición a desarrollar linfomas), etc.

Es importante saber que estos felinos son infectantes para otros gatos durante toda su vida y, que la edad media a la que se suele desarrollar el síndrome de inmunodeficiencia adquirida es a los 4-6 años. Sin embargo, un gato positivo a inmunodeficiencia felina puede tener la misma esperanza de vida que un gato negativo, todo dependerá de su sistema inmune, de si existen enfermedades asociadas y los cuidados que reciba.

Actualmente no existe tratamiento que cure la enfermedad, sólo cuidados paliativos y controlar las complicaciones asociadas; además de no existir una vacuna eficaz. Por tanto, es esencial realizar protocolos de detección por parte de nuestra veterinaria y, de esta forma, estar seguros de que no introducimos un gato infectado en una comunidad negativa y poder mejorar la calidad y esperanza de vida de nuestros gatitos.

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