¿Habla usted gato?

¿Habla usted gato

Cuando el gato doméstico convive con el hombre, desarrolla toda una gama de vocalizaciones que potencian las relaciones afectivas que mantiene con este.
El maullido es fruto de la domesticación del gato y, salvo en ciertas excepciones, solo lo utilizan para comunicarse con nosotros, no con otros gatos.
Pero, ¿para qué maúllan realmente los gatos? Simplemente para llamar nuestra atención y, una vez conseguida, obtener un beneficio, como puede ser: que les demos de comer, que les abramos la puerta, que les tiremos juguetes, que los acariciemos…
Se puede afirmar que cuanto más vocalice un gato, más sociable será este. Y es que las vocalizaciones evolucionan con el tiempo y dependen de las relaciones que el gato mantenga con los individuos de su entorno.
Finalmente, acaban aprendiendo a modular un tipo diferente de maullido para cada cosa que nos quieren pedir.
Pero, al igual que nos ocurre cuando nos vamos al extranjero y, aun no teniendo ni la más remota idea del idioma del país de destino, terminamos comunicándonos; con los gatos nos sucede lo mismo. Nos educan para entender sus maullidos, nos enseñan a que comprendamos su idioma.

La autodomesticación del gato

La autodomesticación del gato

Con la llegada del Cuaternario se produjo la aparición del género Felis, del que parten los actuales gatos salvajes, incluyendo el gato de Martelli (Felis lunensis), hace dos millones de años. Este dio lugar al gato montés (Felis silvestris), el cual se divide en tres subespecies: la europea (F. s. silvestris), la de África y Oriente Próximo (F. s. lybica) y la de Oriente Medio y Asia Central (F. s. ornata). Algunos autores consideran una cuarta subespecie procedente de las zonas desérticas de China (F. s. bieti), aunque otros piensan que este último es una especie diferente.

El gato doméstico actual (Felis catus) procede de la subespecie de gato montés africano (F. silvestris lybica), la cual se caracteriza por ser relativamente dócil.

Durante mucho tiempo se ha creído que el gato fue domesticado en el antiguo Egipto, hace 3.000–4.000 años. Sin embargo, estudios recientes, comparando los ADN de gatos salvajes y gatos domésticos, han demostrado que la domesticación de este animal data de hace alrededor de 10.000 años en la región del Creciente Fértil, el actual Iraq. Concretamente, dicho suceso se produjo debido al inicio de la agricultura, sirviendo estos animales para mantener limpios de ratones los almacenes de grano y beneficiándose tanto los humanos como los gatos.

No obstante, en el caso del gato se podría hablar más bien de una “autodomesticación”, ya que este se fue acercando al hombre para obtener alimento y, de forma gradual, fue perdiendo el temor y empezó a interaccionar con el ser humano.

El gato no se acercó al hombre por sumisión ni por necesidad, sino por el mero hecho de que podía obtener beneficio de este de una forma sencilla. Y, a día de hoy, todavía perdura este acuerdo entre el gato y el humano.

La revolución felina

Quienes no conocen a los gatos los describen como animales ariscos y extremadamente independientes pero, ¿no somos así nosotros cada vez más?

La idea de arisco quizá sea porque en algún momento de nuestras vidas hayamos tenido cierto contacto con un gato y este se haya mostrado huidizo o a la defensiva. Pero, ¿acaso nunca se le ha acercado un extraño y se ha asustado?, pues al gato le sucede lo mismo. Podríamos decir que es un animal muy “humano” en ese sentido.

Sin embargo, cuando les resultamos ciertamente familiares no van a actuar de la misma manera. No se van a mostrar tan eufóricos como podría hacerlo un perro, pero ellos tienen su propio lenguaje corporal con el que expresar esa alegría que sienten al vernos (el cual será detallado más adelante en otros posts).

En cuanto a la idea de animales solitarios e independientes también debemos reflexionar sobre nuestro modo de vida. ¿No es cierto que cada vez trabajamos más, tenemos menos tiempo libre y, por ello, nos volvemos más autónomos? Pues quizá por eso es el animal idóneo para la sociedad de hoy en día.

El gato no necesita muchos más cuidados que: echarle de comer, limpiar su cajón de arena y proporcionarle los cuidados veterinarios básicos que, en general, son muy simples.

Es por todo esto que cada vez más personas eligen al gato como animal de compañía. Concretamente, del 46% de las familias españolas que posee una mascota, un 36% tiene un gato, según datos de la Fundación Affinity. Y, en países como Italia, Francia, Alemania o Estados Unidos, el número de gatos ya supera con creces al de perros.

Por tanto, se puede afirmar que estamos viviendo una verdadera “revolución felina” pues son animales que encajan a la perfección con el concepto de mascota urbanita.

 

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