Leucemia felina

El virus de la leucemia felina (FeLV) tiene un tiempo muy bajo de supervivencia en el medio ambiente y su principal forma de transmisión es a través de la saliva, aunque también puede ser a través de orina y heces. Los más predispuestos a padecer esta enfermedad son los gatos callejeros debido a los mordiscos durante las peleas territoriales. Además, existe la transmisión de la madre infectada a su camada, a través de la placenta, la leche o al asear a sus crías.

Su replicación comienza en los glóbulos blancos y se extiende por todo el organismo alcanzando, en última instancia, la médula ósea, punto en el que no podremos eliminar la infección. En función de la respuesta del sistema inmune, el gato puede desarrollar distintos tipos de infección:

  • Abortiva, es decir, no se desarrolla viremia (presencia del virus en la sangre) tras la exposición al virus. 20-30% de los casos.
  • Regresiva, la viremia es transitoria y dura menos de 3 semanas, siendo contagioso durante este tiempo para otros gatos. 30-40% de los casos.
  • Progresiva, el virus infecta y se replica, por lo que se produce una viremia persistente, y el gato no es capaz de eliminar la infección. Tiene un pronóstico reservado ya que, la mayoría suelen morir en 2-3 años. 30% de los casos.
  • Atípica: se produce una respuesta inmune parcial y el virus se acantona en ciertos órganos. 5-10% de los casos.
  • Latente en médula ósea: el virus se elimina de la sangre aunque no de la médula ósea, pero estos gatos no son infectivos para otros gatos.

Los síntomas dependen de la fase en la que se encuentre, pudiendo variar desde signos inespecíficos como fiebre, apatía, anorexia y pérdida de peso; a signos respiratorios, oculares, de piel e intestinales. En muchos casos se produce anemia con la consiguiente depresión y debilidad. Además, los gatos con infección persistente presentan hasta 60 veces mayor probabilidad de desarrollar un linfoma.

Las vacunas contra la leucemia pueden producir dos tipos de protección. De manera total, impidiendo la entrada del virus y su multiplicación, o de manera parcial, que no evita la multiplicación pero sí que se generen cargas virales elevadas, por lo que no protege de la infección pero sí de la enfermedad. La vacunación se recomienda exclusivamente en gatos que presenten riesgo de infección, por lo que en aquellos que viven sin acceso al exterior no es necesaria.

Es muy importante realizar el test de FeLV antes de introducir un nuevo gato en un ambiente en el que ya viven otros gatos, así como previo a comenzar la vacunación contra este virus para que solo se administre la vacuna a aquellos individuos negativos. En el caso de un resultado positivo también es de gran importancia, ya que nos permitirá realizar un seguimiento controlado y anticiparnos a las futuras complicaciones.

Finalmente, destacar que un resultado positivo a un test en un gato sin sintomatología debe ser siempre repetido y contrastado para conocer el tipo de infección que tenemos y no está justificada la eutanasia bajo ningún concepto. En el caso de gatos positivos con signos clínicos, es labor del veterinario velar por su bienestar y proporcionarle la mejor calidad de vida que sea posible.

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