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Las vibrisas

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Los bigotes y las cejas están constituidos por pelos rígidos más o menos largos que actúan como receptores táctiles denominados vibrisas. Éstas, además, pueden aparecer aisladas o formando grupos, en distintas partes de la cabeza y de los miembros.
Las vibrisas son el doble de gruesas que el resto de pelos del organismo y se encuentran insertadas a mayor profundidad en la dermis, acabando en un seno sanguíneo con múltiples terminaciones nerviosas.

Podemos encontrarlas a ambos lados de la nariz, sobre los ojos, bajo el mentón y las mejillas y detrás de las patas delanteras. Todas ellas permiten al gato explorar con precisión el espacio próximo, pues actúan como sensores que marcan la posición de todo aquello que rodea al gato y ayudan a éste a decidir sus movimientos. En el caso de los gatos ciegos, se ha observado que adelantan los bigotes para evaluar mejor dónde se sitúan los obstáculos.

Además, cumplen una función comunicativa, pues según su posición podremos saber si el gato está enfadado (las coloca hacia adelante), asustado (las pega hacia sus mejillas) o tranquilo (posición normal).

Finalmente, y tras conocer su importancia, debemos destacar que nunca se deben cortar las vibrisas, pues de esta forma limitaríamos las capacidades perceptivas y comunicativas del gato.

La gestación en la gata

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La gata presenta ovulación inducida, es decir, ésta se produce gracias a que el macho muerde en el cuello a la hembra y le clava las espículas que presenta en el pene. Es de destacar, que ambos procesos son realmente necesarios para que ovule.

Sin embargo, un 20% de las gatas puede desencadenar la ovulación mediante estímulos olfatorios, táctiles, visuales o auditivos (solo con ver, oler u oír al macho), por lo que en este caso se trata de una ovulación espontánea.

Una vez que el espermatozoide del gato alcanza el óvulo se produce la fecundación y, tras esta, comenzará la gestación de la gata, la cual durará alrededor de 63 días. En cada gestación pueden desarrollarse múltiples vesículas embrionarias que se implantan a lo largo de los dos cuernos uterinos.

La placenta de los felinos es de tipo endoteliocorial, lo que significa que destruye parte de la mucosa uterina. Además, morfológicamente se clasifica como zonal, pues presenta vellosidades distribuidas únicamente en una zona central a modo de cinturón. En los bordes podemos encontrar los denominados hematomas marginales, que son acúmulos de sangre no coagulada de color verde, por lo que es normal observar una secreción negro-verdosa en el parto.

Tras 2 meses de gestación se producirá el parto, para lo cual la gata escogerá un lugar tranquilo y apartado. Podremos observar que 24-48 horas antes deja de comer, su temperatura desciende por debajo de los 39ºC y realiza intensos maullidos como señal para avisar de la inminente llegada de los gatitos.

Foto cedida por Francisco Gil Cano, Catedrático de Anatomía y Embriología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia, y publicada en «Embriología Veterinaria: Un enfoque dinámico del desarrollo animal», autores: José García Monterde y Francisco Gil Cano. Editorial Inter-Médica (2013).

El saco embrionario procede de un animal que tuvo que ser sacrificado mediante procedimientos humanitarios (no se sacrificó para obtener los fetos).