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Síndrome del gato paracaidista

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El “síndrome del gato paracaidista” es el nombre con el que se denomina a uno de los accidentes que con mayor frecuencia sufren los gatos. Consiste en la caída desde múltiples alturas debido al instinto cazador de estos animales que, sumado a un error de cálculo o distracción, acaba produciéndoles diversas lesiones.

Al contrario de lo que a priori podamos pensar, las lesiones producidas cuando el gato cae desde una altura elevada son menos serias que si lo hace desde un piso más bajo. Esto es debido a que el gato da la vuelta en el aire durante la caída para caer de pie y amortiguar así el golpe.

Puede aparecer en gatos de todas las edades y tanto en machos como hembras, pero la prevalencia es superior en animales menores de 2 años o aquellos que no han sido esterilizados.

Los gatos que sufren estos accidentes se consideran pacientes politraumatizados, pues han sufrido un episodio traumático en el que pueden verse comprometidos diversos sistemas orgánicos. Las principales patologías que padecen estos animales son: neumotórax, rotura del paladar, rotura diafragmática, fractura de cadera, traumatismo esplénico y rotura de vejiga.

Por último, destacar que para prevenir que nuestro gato sufra el síndrome del gato paracaidista, lo más aconsejable es instalar redes o mosquiteras que protejan las ventanas, pues nos evita tener que estar pendientes de que éstas se encuentren cerradas.

Las vibrisas

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Los bigotes y las cejas están constituidos por pelos rígidos más o menos largos que actúan como receptores táctiles denominados vibrisas. Éstas, además, pueden aparecer aisladas o formando grupos, en distintas partes de la cabeza y de los miembros.
Las vibrisas son el doble de gruesas que el resto de pelos del organismo y se encuentran insertadas a mayor profundidad en la dermis, acabando en un seno sanguíneo con múltiples terminaciones nerviosas.

Podemos encontrarlas a ambos lados de la nariz, sobre los ojos, bajo el mentón y las mejillas y detrás de las patas delanteras. Todas ellas permiten al gato explorar con precisión el espacio próximo, pues actúan como sensores que marcan la posición de todo aquello que rodea al gato y ayudan a éste a decidir sus movimientos. En el caso de los gatos ciegos, se ha observado que adelantan los bigotes para evaluar mejor dónde se sitúan los obstáculos.

Además, cumplen una función comunicativa, pues según su posición podremos saber si el gato está enfadado (las coloca hacia adelante), asustado (las pega hacia sus mejillas) o tranquilo (posición normal).

Finalmente, y tras conocer su importancia, debemos destacar que nunca se deben cortar las vibrisas, pues de esta forma limitaríamos las capacidades perceptivas y comunicativas del gato.

Los misterios de la boca felina

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La salud bucal del gato es muy importante. Muchas veces es en la boca donde aparecen los síntomas de algunas enfermedades. Por ello, es importante conocer sus características principales para poder anticiparnos al desarrollo de estas patologías.

En primer lugar, nos centraremos en la dentición. Debemos saber que los gatos nacen sin dientes y éstos comienzan a aparecerles a las 2 semanas, siendo hacia los 2 meses cuando completan la dentadura temporal y sumando ésta un total de 26 piezas. Los permanentes  empiezan a salir a los 3 meses, finalizando la dentadura definitiva a los 7 meses con 30 piezas que, a diferencia de los de leche, incluyen los molares.

Es común que, en este periodo de caídas y salidas de dientes, el animal presente molestias, por lo que suelen morder objetos para aliviar dicho dolor. Además, si observamos detenidamente a nuestro gato en esta época, podremos verlo en alguna ocasión intentando tragarse un diente. No hay que preocuparse, pues no es algo malo, pero podemos abrirle la boca con cuidado e intentar sacárselo.

También debemos mencionar la importancia de la lengua, que presenta papilas gustativas de tipo cónicas con diversas funciones: para bañarse, pues eliminan cualquier partícula que no pertenezca a su pelaje; para alimentarse, ya que ayudan a desgarrar la carne de la presa; y para beber.

Estudios recientes muestran que los gatos, al contrario que los perros, no enroscan la lengua para formar una “cuchara” para recoger el agua, sino que colocan la punta de esta en la superficie del agua y el líquido se pega a ella. De esta manera, el gato sube la lengua llevando el agua  a la boca, pero sin mojarse la cara y las vibrisas.

Finalmente, cabe destacar que la higiene bucal en los gatos es fundamental, ya que la acumulación excesiva de sarro puede ser causa de muchas enfermedades que pueden producir enrojecimiento e inflamación a este nivel.

Cómo prevenir el estrés felino

El estrés es uno de los problemas más frecuentes a día de hoy, no solo en las personas, sino también en los animales. Y los gatos no son ajenos a él, pues son especialmente emocionales y muy sensibles a los cambios en su entorno. Pero, ¿qué podemos hacer para evitar que sufran los estragos del estrés?

En primer lugar, deberemos conocer el comportamiento de estos animales para poder aportarles el mayor bienestar posible. En base a esto, podremos cubrir las necesidades básicas que presenta el gato, las cuales podemos dividir en:

  • Alimentación: son animales solitarios a la hora de realizar esta actividad, pues prefieren comer de manera individual (en su propio bol), en lugares tranquilos y lejanos al lugar de defecación. Asimismo, debemos proveerles de múltiples cuencos de agua y comida.
  • Aseo: debe situarse en un área tranquila y lejana a la de la comida, y tiene que haber un mínimo de un arenero por gato. Además, es importante limpiar la caja de arena de manera periódica, evitando el uso de agentes de limpieza con olores fuertes.
  • Espacio físico: puesto que los gatos son territoriales, debemos dotarles de suficiente espacio para que creen su territorio, así como para que gocen de privacidad.
  • Actividad: debido a que son individuos muy activos, es necesario proporcionarles juguetes que prevengan el aburrimiento y la aparición de problemas de comportamiento que a éste se asocian. Estos tienen que ser variados y encontrarse en diferentes localizaciones para mantenerles entretenidos.
  • Enriquecimiento social: el gato doméstico es un animal bastante social que establece relaciones con otros gatos e incluso con animales de diferente especie. Estas pueden resultar negativas en caso de que no se cumplan correctamente los puntos anteriores, pero en general, estas interacciones les reportan una gran felicidad.

Para finalizar, debemos destacar la importancia de un conocimiento básico sobre etología felina, pues simplemente con observar a nuestros gatos, podremos reconocer si sufren estrés.

Cómo ven los gatos

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Los gatos son depredadores y, como tal, presentan una visión especial. Sus ojos se encuentran en posición frontal, lo que les dota de una visión binocular de unos 130º, frente a los 83º del perro. De esta manera, presentan un campo visual de  287º, mientras que no es más que de 180º en el hombre.

Sin embargo, aunque  tienen una relativa miopía (de hasta 2 y 3 dioptrías en cada ojo), presentan una elevadísima sensibilidad a los movimientos. Esto último es debido a que  en su retina poseen mayor cantidad de bastones (células especializadas en el movimiento) que de conos (celulas especializadas en el color).

En cuanto a los colores en los que ve el gato, los especialistas apuntan a que se trata solo del verde, el marrón y el gris, aunque parte del espectro verde puede resultarles indistinguible del blanco. Por ello, podemos afirmar que su visión es prácticamente dicromática.

Como curiosidad, señalar que, a pesar de que en teoría no pueden distinguir el rojo, ciertos estudios han revelado que algunos gatos se muestran muy sensibles a dicho color. Parece ser que, en presencia de un objeto rojo, el gato se muestra nervioso o incluso agresivo y que juegan con más intensidad y durante más tiempo con juguetes de este color que con los de otro.

Finalmente, cabe destacar la existencia de una estructura en el fondo de ojo del gato denominada “tapetum lucidum”, la cual se encarga de reflejar los rayos luminosos, mejorando la visión en condiciones de escasa luminosidad. Debido a esto los ojos de los gatos brillan en la oscuridad.

Ronroneo

El ronroneo

 

El ronroneo constituye la persistencia de una manifestación infantil. Se produce gracias a una particularidad morfológica del gato: cuando este se encuentra relajado, su tensión arterial disminuye, lo que induce a que ocurran unas turbulencias en el flujo sanguíneo de la vena cava (situada en la región del diafragma). Este hecho originaría vibraciones en la tráquea que serían responsables del origen del ronroneo.

El gato nos dirige el ronroneo como una expresión de agradecimiento ante el bienestar que le proporcionamos. No obstante, el gato ronronea cuando está enfermo o no se encuentra bien y, en ocasiones, cuando se encuentra solo. La gata lo hace cuando está gestante y en periodo de lactación. Y los gatitos cuando maman y cuando su madre los lava.

El conjunto de estos contextos de ronroneo se entiende como simple emoción de placer. Sin embargo, el ronroneo se produce principalmente en los felinos domésticos, los cuales interaccionan con los humanos y, por lo tanto, es probable que el contacto con estos lo incentive. Además, también está ligado al grado de socialización del animal. Es decir, aquellos individuos que presenten una relación más estrecha con los humanos o sea, sean más sociables, se relajan más en contacto con estos y, por tanto ronronean más en su presencia.

No está del todo claro hasta qué punto el ronroneo es voluntario por parte del animal. Pero lo que sí es probable es que el gato es capaz de potenciar este según su grado de bienestar y según la apetencia de comunicación que presente. Aquí es donde entra en juego el ronroneo como parte de la comunicación del gato. Por ejemplo, los individuos más sociables y más comunicativos realizan el ronroneo más cerca del oído del humano para que este sea capaz de escucharlo mejor. Sin embargo, los individuos de menor grado de socialización ronronean simplemente cuando se encuentran a gusto, como cuando se sientan sobre el regazo de sus dueños. Por lo tanto, se deduce que, aunque originalmente el ronroneo se produzca de manera involuntaria debido a una cualidad anatómica del animal, este es capaz de incrementarlo para utilizarlo como medio de comunicación.

¿Habla usted gato?

¿Habla usted gato

Cuando el gato doméstico convive con el hombre, desarrolla toda una gama de vocalizaciones que potencian las relaciones afectivas que mantiene con este.
El maullido es fruto de la domesticación del gato y, salvo en ciertas excepciones, solo lo utilizan para comunicarse con nosotros, no con otros gatos.
Pero, ¿para qué maúllan realmente los gatos? Simplemente para llamar nuestra atención y, una vez conseguida, obtener un beneficio, como puede ser: que les demos de comer, que les abramos la puerta, que les tiremos juguetes, que los acariciemos…
Se puede afirmar que cuanto más vocalice un gato, más sociable será este. Y es que las vocalizaciones evolucionan con el tiempo y dependen de las relaciones que el gato mantenga con los individuos de su entorno.
Finalmente, acaban aprendiendo a modular un tipo diferente de maullido para cada cosa que nos quieren pedir.
Pero, al igual que nos ocurre cuando nos vamos al extranjero y, aun no teniendo ni la más remota idea del idioma del país de destino, terminamos comunicándonos; con los gatos nos sucede lo mismo. Nos educan para entender sus maullidos, nos enseñan a que comprendamos su idioma.

La autodomesticación del gato

La autodomesticación del gato

Con la llegada del Cuaternario se produjo la aparición del género Felis, del que parten los actuales gatos salvajes, incluyendo el gato de Martelli (Felis lunensis), hace dos millones de años. Este dio lugar al gato montés (Felis silvestris), el cual se divide en tres subespecies: la europea (F. s. silvestris), la de África y Oriente Próximo (F. s. lybica) y la de Oriente Medio y Asia Central (F. s. ornata). Algunos autores consideran una cuarta subespecie procedente de las zonas desérticas de China (F. s. bieti), aunque otros piensan que este último es una especie diferente.

El gato doméstico actual (Felis catus) procede de la subespecie de gato montés africano (F. silvestris lybica), la cual se caracteriza por ser relativamente dócil.

Durante mucho tiempo se ha creído que el gato fue domesticado en el antiguo Egipto, hace 3.000–4.000 años. Sin embargo, estudios recientes, comparando los ADN de gatos salvajes y gatos domésticos, han demostrado que la domesticación de este animal data de hace alrededor de 10.000 años en la región del Creciente Fértil, el actual Iraq. Concretamente, dicho suceso se produjo debido al inicio de la agricultura, sirviendo estos animales para mantener limpios de ratones los almacenes de grano y beneficiándose tanto los humanos como los gatos.

No obstante, en el caso del gato se podría hablar más bien de una “autodomesticación”, ya que este se fue acercando al hombre para obtener alimento y, de forma gradual, fue perdiendo el temor y empezó a interaccionar con el ser humano.

El gato no se acercó al hombre por sumisión ni por necesidad, sino por el mero hecho de que podía obtener beneficio de este de una forma sencilla. Y, a día de hoy, todavía perdura este acuerdo entre el gato y el humano.