La revolución felina

Quienes no conocen a los gatos los describen como animales ariscos y extremadamente independientes pero, ¿no somos así nosotros cada vez más?

La idea de arisco quizá sea porque en algún momento de nuestras vidas hayamos tenido cierto contacto con un gato y este se haya mostrado huidizo o a la defensiva. Pero, ¿acaso nunca se le ha acercado un extraño y se ha asustado?, pues al gato le sucede lo mismo. Podríamos decir que es un animal muy “humano” en ese sentido.

Sin embargo, cuando les resultamos ciertamente familiares no van a actuar de la misma manera. No se van a mostrar tan eufóricos como podría hacerlo un perro, pero ellos tienen su propio lenguaje corporal con el que expresar esa alegría que sienten al vernos (el cual será detallado más adelante en otros posts).

En cuanto a la idea de animales solitarios e independientes también debemos reflexionar sobre nuestro modo de vida. ¿No es cierto que cada vez trabajamos más, tenemos menos tiempo libre y, por ello, nos volvemos más autónomos? Pues quizá por eso es el animal idóneo para la sociedad de hoy en día.

El gato no necesita muchos más cuidados que: echarle de comer, limpiar su cajón de arena y proporcionarle los cuidados veterinarios básicos que, en general, son muy simples.

Es por todo esto que cada vez más personas eligen al gato como animal de compañía. Concretamente, del 46% de las familias españolas que posee una mascota, un 36% tiene un gato, según datos de la Fundación Affinity. Y, en países como Italia, Francia, Alemania o Estados Unidos, el número de gatos ya supera con creces al de perros.

Por tanto, se puede afirmar que estamos viviendo una verdadera “revolución felina” pues son animales que encajan a la perfección con el concepto de mascota urbanita.

 

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