Querido amigo

Querido amigo:

Se me hace tan extraño dirigirme a ti… Pero es algo que ronda en mi cabeza un tiempo y lo necesito, me lo pide mi mente y mi corazón.

Desde que te fuiste he tenido que hacer un esfuerzo enorme por no pensarte. Me pilló en un momento en el que, aunque no quisiera, tenía que centrar toda mi energía en la medicina felina. Y ¿qué iba a hacer si me dedico a ello? Además, estaba en pleno estudio para presentarme a ese examen que comencé a prepararme años atrás junto a ti. Y, aunque quise tirar la toalla, hubo algo dentro de mí que me empujó a seguir. Qué duro se me hizo llegar al bloque de esa maldita enfermedad que tanto nos hizo sufrir. Y cuánto me cuesta cada vez que tengo que dar ese diagnóstico. En esos momentos pasan por delante de mí imágenes de nuestra lucha, y es algo que no le deseo a nadie. Pero la vida es así, puedes dedicarte en cuerpo y alma a ello, estar rodeada de los mejores e incluso así no poder hacer nada más. Y eso es lo más difícil de todo.

Sin embargo, puedo dar las gracias por tener la profesión que tengo y por estar donde estoy. Siempre supe que este era mi camino, desde el momento en que tuve mi primer contacto felino. Llegar a la cima no fue nada fácil, pero tú lo hiciste más llevadero en aquellas noches de estudio y nunca me faltó tu calor, desde el principio hasta el fin.

Ahora tengo un calor diferente, es un calor pequeñito de momento, pero es doble. Y creo que es una de las mejores decisiones que he tomado, darle una oportunidad a otros que, como tú en su día, lo necesitaban. Tus hermanos (a los que, por cierto, les hablo mucho de ti, ya que dejaste el listón muy alto) fueron tirados a la basura recién nacidos y, en pleno duelo, me llegó el vídeo de su rescate. Casi ni pude acabar de verlo de lo cruel que resultaba la situación y yo no quería pensar en otro que no fueras tú. Pero pasaban los días e iban creciendo fuertes a pesar de su triste llegada al mundo y yo me iba sintiendo cada vez un poquito mejor. Ellos necesitaban un hogar y en casa había un vacío enorme que nos ahogaba. Así que decidimos ampliar la familia.

Es curioso, pero en el momento en que me he sentado a escribirte se han acurrucado juntos en mis pies y no han parado de ronronear. Aún son muy pequeños, pero ya tienen la esencia más pura del gato.

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